8 dic 2020

Las madres atroces. Acerca de lo siniestro en la maternidad

 Prefacio

Los relatos referidos a la madre como entelequia y a las madres concretas de cada quien, impregnaron las consultas, que en más de 45 años tuve oportunidad de escuchar y registrar. Así, a veces desde el asombro, a veces desde la pena, a veces desde la indignación, diferentes versiones de lo materno fueron acumulándose en mis historias clínicas, para interpelarme desde allí. El hecho es tan reiterado y tan presente por una simple razón: todos/as somos hijos/s. Algunas personas además son madres.

De modo que los relatos referidos al tema dan cuenta de una realidad omnipresente en los vínculos y que merece todo atención.

Desde dónde escribo? Aunque la mirada profesional haya sido la más estimulante para iniciar este escrito, mis lugares de madre y de hija son ineludibles al momento de escuchar, de tomar notas, de recordar y reconstruir aquello que compone el cuerpo de este texto.

Cuando escribíamos, en un grupo de diez escritoras, algunas famosas y otras ignotas “Salirse de madre”, (Ediciones Croquiñol, 1989) dando cuenta de las vicisitudes de tan complicado vínculo, el de las hijas con sus madres, muchos de los textos fueron testimoniales. Y tan diversos, como para que alguien comentara: “El tema de la relación con la madre cada quien lo cuenta, según le fue en la feria…”

Así, en aquel libro pude contar la historia de mi relación con mi madre con humor y desde el afecto por esa andaluza irreverente, que valga esto como antecedente. Así me había ido a mí en la feria, como hija de esa madre. Como madre de esta hija, de estos hijos, aún el tema no está cerrado, y no me corresponderá a mí decir la última palabra. Serán mis hijos/as los que habrán de formular críticas, críticas que sin duda merezco, por eso de “Nada de lo humano me es ajeno”.

Y entre eso de lo humano estará lo que también me compone y reflejará de mí este texto, difícil de escribir, y difícil de leer. No me coloco por fuera de ninguna  de las situaciones que describo. Dificultades y penurias que pueden suscitar todo el abanico de emociones. Ojalá que también la compasión, puesto que lo que me guía es el afán por comprender, y por ende comprenderme.

Tomaré preferentemente el vínculo con las hijas mujeres, pero en algún punto habrá también referencia a los hijos.

Lo que puedo agregar, es que todo este material procede de mi reflexión por lo vivido por mí y por las personas que lo pusieron en mis manos. Si resulta increíble es porque a veces la realidad supera a la ficción.

Reflexiones iniciales

Las madres atroces provienen de familias patriarcales en las que los privilegios eran asignados y concedidos al hermano varón, celebrado en su advenimiento, estimulado en sus proyectos, destinatario de las atenciones y cuidados en la casa, relevado de las tareas domesticas (¿indignas de su status?), dueño precoz de la llave de la puerta, y alentado a ganar espacio en la calle y a obtener los logros que se propusiera.

Las madres atroces tuvieron como modelos de feminidad a mujeres sumergidas en un destino de subordinadas, y como modelos de masculinidad a padres, que por el solo hecho de ser varones se ubicaban y se sostenían en el lugar de poder sobre la familia. (Recordemos: la palabra fámula es una de los nombres sofisticados con que se designaba a la sirvienta. Y etimológicamente como familia se designaba el conjunto de propiedades, esposa, hijos, sirvientes y animales del señor)

Las madres atroces se gestionaron a sí mismas en una identidad conflictiva respecto a lo que se decía que eran, a lo que sentían que eran y a lo que deseaban ser. Deseo contradictorio entre adecuarse a las expectativas y mandatos o rebelarse a ellos

Las madres atroces son las que antes fueron mujeres llenas de rencor, custodias de secretos que ni a sí mismas se atrevieron a formular, frustradas en su vitalidad, amputadas en sus proyectos, que intentaron encontrar en los roles de esposa y madre justificaciones y respuestas. Y como sobrecargaron sus expectativas en esos intentos es que se hizo más penoso no poder alcanzar dichas respuestas. No se sospechaba que lo que cada quien se debe ningún otro puede proveerlo. “Nada de lo que provenga de mi debe faltarme” señaló con acierto  L. Mizrahi .

 Así que no es que estaban equivocadas las respuestas que esas mujeres  esperaban confirmando sus elecciones.  Las erradas eran las preguntas.

Por eso las madres atroces fueron-son las que esperaron de sus hijos las compensaciones que no pudieron obtener por y para si mismas y que sienten que la vida les negó.

En casi todas las mujeres hay algo de todo esto. En cada una de nosotras habita una dimensión atroz de la maternidad. Tal vez tenga que ver con lo planteado hasta aquí. Pero no solamente con esto. También con que junto a la capacidad de gestar y albergar la vida, corre paralela una veta tanática que busca expresarse, emerger, cobrar consistencia. Coexistencia de pulsiones que nos atañe en tanto humanos, que tal vez afecte de diferente manera a los varones en sus propias historias,  y  encuentra en todos, varones y mujeres, una vía privilegiada en los vínculos más significativos. ¿Y qué más significativo que el vínculo materno filial?

Podemos así plantearnos como hipótesis que en el origen de lo atroz juegan tanto 1)los mandatos  patriarcales, condenando a las madres en tanto mujeres, a un sojuzgamiento histórico, como 2) otra cuestión ligada a la presencia de lo mortífero que nos habita. A la hostilidad que forma parte de nuestro arsenal y genera angustia de ser, de estar, de sabernos vivos pero destinados a morir.

 Contradicciones existenciales según Erich Fromm.

“Fromm hace un distingo entre las dicotomías históricas y existenciales. La vida contra la muerte es la dicotomía existencial más fundamental.

La otra dicotomía existencial es la que resulta del hecho de que el hombre vive solamente un breve período del proceso histórico. Las limitaciones del proceso histórico se convierten en sus limitaciones…

Las condiciones que engendran dicotomías existenciales no pueden ser cambiadas. La muerte es inalterable y la vida está limitada a un pequeño sector de espacio y tiempo. Pero hay otras incompatibilidades de la vida humana que no son eternas ni invariables. Estas son las dicotomías históricas que pueden ser vencidas.”   (1) Patrick Mullahi: Edipo, mito y complejo, pag. 239. El Ateneo 1953

El ser humano anhelante de vivir, pero conciente de la muerte como destino apenas puede a veces lidiar con esta contradicción flagrante. ¿Cuánto del dolor ligado a dicha contradicción  encuentra su cauce en los vínculos? Si puede remontar la carga de hostilidad, odio y destructividad tener un hijo será sentido como posibilidad de trampear la muerte. Pero cuando el dolor, el odio, la crueldad que habiten a ese ser humano sean tales que no le sea posible amarlo, ¿qué pasará con dicho vínculo?

Distintos abordajes

Desde la biología se ha descripto una conducta ante la prole como constante, en donde las hembras asumen la protección de sus cachorros como previsible y reiterada.

Los ejemplos más recientes que puedo mencionar son dos: una ovejera tuvo en el momento de parir un primer cachorro muerto. Era de mucho mayor tamaño de los que nacerían después. Nació asfixiado y pese a los esfuerzos de quienes  asistían el parto, no pudo ser  reanimado. Envolvieron en diarios al bebé gigante y se retiraron un momento. Cuando al rato volvieron, la perra había rasgado los diarios, rescatado a ese primer bebé y lamiéndolo incansablemente había logrado revivirlo. Lo sostenía entre las patas delanteras, mientras los otros de menor tamaño, nacidos después, mamaban de ella.

 El otro ejemplo descripto por Galeano. En un barrio de Montevideo empezaron a desaparecer misteriosamente de terrazas vecinas, pequeños objetos sin importancia, palitos de la ropa, juguetes dejados por los niños, sin que se supiese su destino. Hasta que se los encontró junto a un gatito que había nacido discapacitado en una de las casas. Al parecer la gata intuyó que ese hijo requería estimulación especial, y se las arregló para proveérsela, robando los pequeños objetos y llevándolos a este hijo diferente.

Se trata solo de ejemplos, en los cuales la conducta observada, hace pensar en el funcionamiento de una misteriosa corriente  que llevaría a las madres a obrar preservando a sus crías con un saber enigmático para nosotros.

Y si bien se describen casos de madres que se dejaron devorar por sus hijos, también hay registro de hembras devoradoras. Tal vez por situaciones de cautiverio que tienen incidencia en el hecho  o por razones que todavía deben ser descifradas.

Tomando otra vertiente para pensar el tema, la Mitología ofrece ejemplos.

Respecto a los alcances de la maternidad,: Clitemnestra y Medea  representan los extremos más notables. En una, acontece la jerarquización de los hijos, por sobre cualquier otro vínculo. Cliptemnestra no perdona el sacrificio de su hija Ifigenia, inmolada por su padre para calmar la ira de los dioses. Cliptemnestra decide el asesinato de su marido y padre de su hija por haberla sacrificado. La madre por sobre la mujer.

En Medea, el afecto que prevalece es el de la venganza del hombre amado- odiado. Se lo castiga con el asesinato de sus hijos. El afecto por ellos queda subordinado a su sentimiento de agravio. La mujer por sobre la madre.

Itinerario

Mi preocupación en relación al tema, como refería,  se fue generando en las consultas de hijos e hijas que trayendo sus historias marcaron la importancia de la figura materna. También en las consultas de las madres y sus inquietudes en el desempeño de su rol. Así fue que desde la clínica me interpelaron los relatos de las mil formas en que se despliega dicho vínculo y de las posibilidades que habilita y las mutilaciones que provoca.

Una de las sospechas esbozadas en mi tesis de maestría (2) fue la de que en la densidad de la relación materno filial resultaría aliviada en caso de que las mujeres pudieran encontrar en su realización personal, metas genuinas en que disponer su energía. Planteaba que en ese caso necesitarían menos de la realización vicaria a través de los hijos, pensados como coartada justificadora y en cierto modo engañosa.

Un antecedente respecto a lo contradictorio y paradójico de los vínculos materno filiales, fue desarrollada años más tarde en mi artículo: “Mitos y verdades sobre lo materno” (3). En dicho texto se analizaban una serie de seis noticias periodísticas referidas a sucesos sorprendentes. Se trataba de casos en que lo esperable y previsible en las relaciones con los hijos era puesto en jaque por sucesos reales y que la crónica había registrado. Lo que ésta revelaba operaba desmistificando supuestos. El texto generaba irritación al nombrar lo innombrable: No siempre las relaciones familiares más cercanas son lo que creemos.

Posteriormente. Con la puesta en marcha de la revista “Micropolíticas” un artículo de un colega, abordando aspectos perversos en las mujeres ligados a la maternidad suscitó rechazo en el grupo editor y me volvió a poner sobre la huella ya transitada. El artículo no fue publicado, pero circuló como documento al interior del equipo responsable de la revista.

Dicho artículo seguía los planteos en la línea formulada por Estela Welldon en “Madre, virgen, puta”.(4)

“Sugiero que, en ocasiones, las mujeres optan por la maternidad por razones perversas inconcientes. Cabe suponer que la mujer sabe que la maternidad le confiere automáticamente un rol de dominio , de control absoluto sobre otro ser que debe someterse  las demandas de la madre.” 99

“El poder del útero distingue a mujeres y hombres y conduce al poder de la maternidad, verdaderamente igual de fuerte que el poder del dinero, de la ley o la posición social.” 51

“La maternidad constituye un medio para que algunas mujeres ejerzan actitudes perversas y perversoras hacia su progenie, vengándose así de sus propias madres” 77

 “La maternidad perversa debe entenderse como un producto de una inestabilidad emocional y una individuación inadecuada, provocada por un proceso que abarca por lo menos a tres generaciones. No obstante, parte del problema descansa en la sociedad. Toda nuestra cultura respalda la idea de que las madres tienen un completo dominio sobre sus bebés, así fomentamos las mismas ideas que, a su vez, explota la mente perversa. Al alabar tan ciegamente la maternidad, de tal manera que el hecho de que algunas madres pueden actuar de forma perversa queda excluido, no ayudamos ni a la madre, ni a sus hijos, ni a la sociedad en general.” 101

La jerarquización del poder de las madres es uno de los ejes principales trabajado por Welldon. Poder que mal utilizado tiene fuerza letal.

La hipótesis, resistida por los colegas en un primer momento –también por mí - plantea la perversión femenina (además de por las autoagresiones) transitando principalmente por las relaciones de dominación establecidas con los propios hijos.

Así : las interpelaciones desde la clínica, la sospecha esbozada en tesis de Maestría-1998-, el trabajo: Mitos acerca de la maternidad del 2008, sirvieron de antecedentes a la reflexión sobre el rechazo promovido por el artículo de E. O. sobre las madres, y su contenido crítico. Como decía, sus planteos siguen la línea formulada por Estela Welldon, pero llevaban aún más lejos sus postulaciones.

El tema ya planteado empezó a cobrar forma. Desde otras fuentes: literatura, cine, dramaturgia hubo nuevos aportes. Está enriquecido por la mirada de M. T. Andruetto en “Lengua madre”. El libro implica una toma de posición existencial que hace eje en el lugar de los hijos entre las opciones de padres y madres en su propia vida.(4)

En este texto es la interpelación de una hija, que no fue elegida y que no se sintió suficientemente amada, la que habla desde el lugar de su precaria filiación.

 “Cuál es su (propia) tragedia? Cree, no puede pensar de otro modo, que para su padre y su madre, los ideales, lo que ellos llamaban tan resueltamente “La Revolución” han sido asuntos más importantes que tener una hija, y que, en el fondo de todo, es por eso, no por otra cosa que sus vidas y la suya tomaron el curso que tomaron…

Ella en cambio no tiene ideales…tampoco tiene hijos, ni cree que vaya a tenerlos. No le interesan los hijos, pero si los tuviera está segura de que serían más importantes que cualquier revolución, que cualquier ideal.

Intenta acercarse a su madre…Una mujer que por años debió ocultarse de la luz del sol y de la gente. Que se vio obligada a parir en un escondite…sostenida por la omnipotencia de creer que era posible cambiar el mundo, sostenida después por la convicción de haberlo intentado, sostenida más tarde por el deseo de reencontrarse con su hija o por quién sabe qué…” María Teresa Andruetto: “Lengua madre”, pág 64. Mondadori, 2009

Los conceptos de los Estudios de Género, los planteos de Erich Fromm, los aportes de la psicoanalista Estela Welldon, más algunos literarios, de la narrativa o de la dramaturgia me empujaron a seguir la tarea.

Así pues me encontré por enésima vez preguntándome sobre la presencia de las madres en la vida de sus hijos, en el sentido de los hijos en la vida de sus madres y en la singular trama de afectos apasionados y de diverso signo que escuchaba a diario en las consultas.

El lugar de la hostilidad en los vínculos  materno filiales: agresión, violencia, crueldad.

En las consultas encontraba con frecuencia referencias a lo conflictivo del lazo expresado en sentimientos penosos, a veces críticos, a veces acongojados.

Tomaré dichos afectos negativos en una regresión desde sus formas más graves a otras atenuadas. Solo a título descriptivo, y para significar que la diversidad posible  va de una conflictividad es peligrosa, a otras modalidades menos estridentes.. En el extremo de dicha conflictividad está la muerte, del hijo, de la madre, de ambos, o de terceros involucrados.  La gama de destructividad será pasible de tomar todas las formas, de asumir todos los rostros, de alcanzar todas las intensidades.

Me centraré inicialmente en el modo en que la presencia de lo materno atroz puede concluir en la fractura del vínculo. Y en sus dimensiones más dramáticas en la muerte del hijo, por homicidio (filicidio). O en la muerte de la madre (matricidio) como resultado de la espiral de violencia o del sentimiento de fracaso de una vida sin salida. También en el suicidio del hijo o de la madre como punto final de una relación tormentosa.

El caso más dramático del que tuve noticia fue el de un joven suicida, cuya madre en divorcio litigioso con el padre, solicitó la división de las cenizas del muchacho en dos urnas. Este fue el primer pedido de ese tipo desde la puesta en marcha del crematorio. Este episodio puede ser leído como una reedición macabra de la propuesta por el rey Salomón en la historia bíblica. En dicha historia dos mujeres reivindicaban la maternidad del un niño. Una de las madres tomó la propuesta del rey Salomón: la división del hijo por el que  litigaba. La división se haría por la espada. En tanto aceptaba esa propuesta, consentía en la muerte del niño. La otra declinó su reclamo, puesto que renunciando a él y cediéndoselo a la otra, lo conservaba con vida.

En mi recorrida por lo atroz en el ejercicio del rol materno encontré mil formas, posibles de enumerar, difíciles de describir que interpelan nuestra comprensión ¿Y nuestra compasión?. Se trata en su mayoría de casos que se presentaron a consulta. Algunos pocos de ellos llegaron a partir de conversaciones con colegas que permitieron generosamente que dispusiera de los mismos.

Formas de lo atroz

Desde las “asesinas de la diversión” (Tai), a las asesinas a secas

En una cultura en la que se enaltece el sufrimiento y se sospecha de lo placentero es frecuente encontrar interdicciones al tiempo destinado a la recreación, lo agradable es por lo menos sospechoso y a veces censurado.

Una forma solapada de lo atroz es la de plantear objeciones y/o críticas a los hijos en aquellas posibilidades de diversión, como poniendo en cuestión todo lo que no sea sacrificado cumplimiento del deber.

Así se llega a censurar todo tipo de posibles distensiones y alegría: En el caso de una consultante, para su madre “tomar sol, nadar, andar en bicicleta y sobre todo reírse era agriamente descalificado como: cosa de putas” y el rechazo a la alegría una constante  que hacía dudar a su hija de la legitimidad de toda forma de satisfacción y placer.        

La muerte en cuestión

Existen en el tema cargas de gran dramatismo. Respecto a los riesgos que se describen para los niños los hay de distinta gravedad.

Uno de los más serios es el llamado síndrome de Munchausen por sustitución (5), en donde por una patología destinada a concitar la tención, una madre puede provocar en su hijo daños físicos, que a veces son serios, incluso irreversibles,

El canibalismo referido por Vasili Grossman en “Vida y destino” y “Todo Fluye” (6) cuando describe la situación histórica de las madres Kalmucas pareciera alcanzar las más altas cumbres del horror.

Los casos que convocan desde la prensa dan cuenta que desde distintas geografías hay madres que asesinan: La madre belga (7), esposa de un marroquí, que asesinó a sus cinco niños estaba en estridente antagonismo con su esposo, a la inversa de la madre argentina (8), en relación de total y fascinada subordinación a su marido que se lo impuso. Las dos mataron a sus hijos. Una para castigarlo, la otra por obedecerlo.

Otra forma menos espectacular es la que atentando contra el hijo, no llega a dar muerte, pero produce daños físicos algunas veces, psíquicos siempre. Me refiero a las madres violentas, golpeadoras (Eva)

Y dentro de las golpeadoras, aquellas que dañan con palabras.

Están las que amenazan agresiones brutales “Te voy a hacer abortar por la boca” le dijo su madre a una joven precozmente embarazada. Allí cabe preguntarse por el efecto de las palabras en el contexto de vulnerabilidad en que se había producido el embarazo.

Existe una particular forma de producir lesiones subjetivas en los hijos en madres suicidas, y en algún grado, en las que amenazan suicidarse. (Susana, Claudia)

¿Qué contradicción albergará el hijo cuya madre suicida, además de dejarlo en la orfandad, reniega con su gesto de la vida que le trasmitiera? Aún sin concretarlo la amenaza de suicidio, esta implícita acusación y reproche a quienes quedan vivos, deja sus marcas en hijos e hijas que convivieron con la incertidumbre respecto a su propio destino, siempre pendientes de que la amenaza se concrete.

También es opresiva la actitud de aquellas que atravesando un duelo quedan pegadas al ser amado y perdido, sin elaborar la pena ni reconectarse a quienes las reclaman. “Mi mamá eligió y se quedó con mi hermanita muerta. Ella había nacido enferma antes que yo, vivió dos años y falleció cuando yo era bebé. Una tía se hizo cargo de mí fue la que me permitió seguir viviendo…” (Miriam)Con la muerte de mi hermanita es como si mi mamá se hubiera enterrado con ella, y yo ni le importaba…”

Hay testimonios de mujeres que quedan pegadas a su propia madre muerta (Andrea): “En el cementerio, mi mamá se daba la cabeza contra la lápida. No le importaba el dolor que nos causaba a mi papá y a mí. Como si no existiéramos. Decía : Mi mamá lo era todo para mí... Entonces me pregunté ¿nosotros qué somos?” (María, Olga)

Hubo quienes enviudaron y rechazan a la hija que quedó con ellas como carga.(S.E.) Como aquella madre que en tono acusador planteaba: “Mi marido murió, y encima me dejó con ésta chica (una niña de 6 años) a cargo…”

En  el caso de Carmen Puch, la esposa de Martín Miguel de Güemes, sucedió según las crónicas, que no pudo superar la pérdida de su esposo. Antes de un mes se dejó morir,  quedando huérfanos sus niños. (Lucía Galvez: Historias de amor de la historia argentina. Ed Punto de Lectura, 2007)

Y contrapuesta a éstas están aquellas madres que desean la muerte de otros ante sus hijos, desde una carga de odio difícil de comprender (Carmen, Vilma): Desde un dolor impregnado de hostilidad pueden llegar a decir: “Él debiera haber muerto en vez de…”

Tal vez las más lesivas son aquellas que plantean que las decisiones de los hijos son mortíferas para ellas y les recriminan en el estilo: “Si hacés eso vas a matarme”

Una madre, cuya vocación por ingresar  como monja había sido incumplida (forzada a un matrimonio temprano) había formulado la promesa de que sus hijas e hijos harían lo que ella no pudo y profesarían como religiosas y sacerdotes. Ejercía presión sobre ellos diciéndoles que si no lo hacían ella quedaría condenada. El conflicto de conciencia de uno de los hijos trajo a consulta el dilema entre acongojar a su madre (por no sentirse dispuesto a ingresar al Seminario) o someterse. Era la mayor fuente de angustia sentirse obligado por una promesa materna que le concernía, pero de la que no participaba.

En otro caso, y a la inversa, la intención de un joven con vocación como religioso, provocó en la madre un desborde tal que incendió la casa en que vivían como expresión de furia y desconsuelo.

Y están las que desean la muerte de sus hijos por razones de la elección de éstos que no pueden aceptar (Fernanda Oscar) sean religiosa, políticas o sexuales,.

Tal el de la madre de una religiosa que en duda de salir de la Congregación en la que estaba y que llegó a decirle: “Preferiría verte muerta antes  de que dejaras los hábitos”.

También en referencia a elecciones sexuales ha circulado el mismo tipo de expresiones: “Antes velarte muerto que aceptarte homosexual”

Un  capítulo en el arrasamiento de los hijos emparentado con la muerte de la dignidad .Conocimos casos de madres entregadoras de sus hijas/os a las redes de la trata de personas En una oportunidad, en un taller sobre Violencia (Indeso).escuchamos a una mujer mayor que guardaba amargamente el recuerdo de su madre. La acusaba en estos términos: “No me amó, y por eso me manipuló para que, llegada apenas a la adolescencia entrara en la prostitución”.

Las que descalifican y no permiten constituir un núcleo fuerte de autoestima

Las que se lamentan de haberlos tenido: “Maldigo la hora en que naciste” (Eva, Silvina)

Las insultantes que usan términos ofensivos como “putita temprana”, “sucia por dentro y por fuera”. Insulto más frecuente cuando las niñas alcanzan la pubertad, como si dicha eclosión de la sexualidad tuviera  un significado para la madre y actualizara conflictos de difícil tramitación.

Aquellas que no llegan a un vocabulario soez pero son competitivas y despectivas en sus expresiones. (Betina, Gladis, Marta)Que sienten que sus hijos no debieran tener las posibilidades que ellas no tuvieron (Yo no viajé a Italia. Por qué debería ir él?) O que piensan que los hijos debieran sufrir lo que ellas padecieron. Así una dijo a su hija: “Si a mi me arruinaron la vida,  por qué no voy a arruinársela a los demás?”

También las que rechazan, las distantes que ponen una barrera sin poder permitir ni permitirse un encuentro. (Silvia) Una mujer reclamaba a su madre expresiones de afecto (su madre era aquella que referí que denostaba la alegría y condenaba toda búsqueda de satisfacción) y ésta resistía con disgusto el acercamiento, solo poco antes de morir esa madre concedió el abrazo tantas veces pedido.

También las que pueden ser madres afectuosas de niños pequeños, pero que se desentienden de sus hijos cuando estiman que estos pueden valerse y les retacean precozmente protección: “Lo sostuve hasta ahora, ya no lo ayudo más…Necesito su habitación para la abuela, que él  se arregle…”

Las arrasadas

Cierta vez una joven uso una expresión  llamativa: “Mi mamá es anti-vida”. Pude reconstruir que esa madre, en función de sus frustraciones se declaraba resignada a no hacer nada por y para sí misma. El relato traía que además dejaba de reparar y reponer lo que se iba deteriorando en su casa y en su propia persona, descuidando su aspecto y su salud.(Beatriz, Gabriela) “La casa es una ruina caótica, con paredes descaradas, una lamparita mortecina sin iluminar del todo, con una cocina en que solo funciona una de las hornallas. Hasta la pava está llena de sarro y a la olla le faltan las asas” La presencia de esta actitud mortífera en las madres afecta a sus hijos. Una madre sumergida en el abatimiento, en tanto referente cercano, opera sobre la vida del hijo con una carga negativa. (Green: la “madre muerta”)

“André Green (1983) han analizado el impacto, y sólo en bebés,  de una madre físicamente presente, pero psíquicamente ausente por estar profundamente deprimida, Ese fenómeno, que Green bautizó como síndrome de la “madre muerta”, se reconocía como una de las principales fuentes del “duelo patológico”. (36)

Ese aspecto de “congelamiento”, esos “agujeros psíquicos”, esos sentimientos de culpa, tuvieron consecuencias en la vida posterior… hicieron que fuera difícil aceptar su propia supervivencia.” (37)

Otra forma de arrasamiento personal expresan las madres devaluadas por haber aceptado agravios que las colocan en una situación humillante. Cuando permanecen sin poder resolver una salida digna, eso es registrado como una impotencia y lesiona la imagen que el hijo/a necesita de ella para armar su propia estructura subjetiva. Tal el caso de la hija que no disculpaba a su madre que sostuvo el vínculo conyugal durante años, cuando era pública la relación del padre comerciante, con la persona empleada en su negocio. (P. B., C.S.)La madre toleró la situación pero el  repudio que generaba su pasividad suscitó una erosión en la relación con sus hijas.

En otros casos una fragilidad materna que la coloque como dependientes de sus hijas/os implica una carga grande y suministra a estos/as un modelo pobre. “Quienes  no se permiten vivir, no dejan vivir a los demás” (Patricia) Son madres poco estimulantes a quienes empiezan su camino.

“Una madre (y un padre) que están atravesados por duelos en suspenso, habitados por muertos-vivos, ¿pueden proteger a sus hijos de sus propias angustias existenciales?...  Si el padre o la madre no pueden ni recibir ni transformar la angustia de muerte del niño a causa de su propia vivencia traumática,  esa angustia queda despojada de todo significado y es interiorizada por el niño como un “terror sin nombre”. (26)

“La ausencia, la repetición, el duelo imposible que llevan en su interior…les impiden asumir plenamente su rol (parental). (27)

Cuando el resentimiento materno por su historia previa alcanza formas tóxicas encontramos situaciones absurdas. Una joven cuyos padres se habían separado hacía quince años  comentó que ante el embarazo de la hermana, la madre hizo prevalecer su propia frustración sobre la alegría de la espera,: “No es justo que tu padre, que no se ocupó vaya a ser tan abuelo como yo y tenga los mismos derechos…”

Algunas madres con serias perturbaciones y una vida caótica, producen efectos devastadores en su relación con hijos e hijas que se sienten responsables de su desdicha(Julieta, María Luz, Silvia S., Silvia A.) Las exigencias demoledoras recaen sobre éstos, y hasta que pueden plantearse el carácter irracional de las mismas media un proceso difícil y angustiante.

Las que arrasan

En contraposición a éstas, están las madres que toman a sus hijos como propiedad de la que disponer.

Están las que apelan a la utilización de la energía, tiempo y dedicación de los hijos, ajenas a los deseos de éstos, vampirizándolos en la convicción planteada así: “Puesto que te di la vida, ¿qué menos que tomarla cuando la necesito? Puedo, como Dios, dártela y quitártela” (tere)

Esto implica a veces invasiones a la privacidad y desconocimiento de la autonomía. Se proponen controlar las decisiones de éstos y se sientes agraviadas si dichas decisiones no le son consultadas (Lau, Tomás)

A veces invaden la privacidad de sus hijos/as en áreas como la económica y cuestionan compras o inversiones, o el erotismo, y se proponen controlar las decisiones de tener hijos, de embarazarse o no, y se sienten agraviadas si estas decisiones son tomadas sin consultarlas. Así una madre permanecía ofendida con su hija “Que se había atrevido a quedarse embarazada y tener a su hijo, lejos de ella, en el país en el que se radicara al casarse.

El colecho, como forma de invasión de la privacidad sostenido por madres suele encubrir dificultades para asumir la propia sexualidad, esto independientemente a veces de su situación conyugal, ya que se da tanto en viudas (Marta), separadas (Mariángenles) o casadas (Lo).

Existen situaciones en que al privilegiar a uno de sus hijos, despojan a los demás de la atención y/o los bienes que en justicia les corresponderían. Algunas, en razón del sexo del hijo establecen alianzas y favoritismos, disponiendo de privilegios que funcionan como un arma de doble filo. Casos de hermanos apropiándose de herencias , (Delma, Nora.Marilina) En algunas familias el hecho del favoritismo respecto a uno de los hijos, lejos de ser propicio, crea situaciones de conflicto. Incluso puede suceder que el hermano menos favorecido se felicite de no ser el preferido, por las posibilidades que le generó el hecho de no tener la mirada materna controlando sus pasos ( Juan)

Existen extremos en que al favorecer el despotismo de alguno de los hijos por sobre los otros, se crea un antagonismo nocivo. La dificultad para preservar a los otros miembros de la familia, llegó en un caso al planteo, por parte del padre, de retirarse del grupo por el nivel de antagonismo de su hijo adolescente en alianza con la madre. (Dante)

En suma, están entre las arrasadoras aquellas que consideran a sus hijos prolongación de sí misma, así lo secreto anhelado o denostado de si misma es proyectado en el hijo, de quien se espera cumpla un rol pre determinado.

Que no pueden asumir ni aceptar la iniciativa de éstos/as y necesitan mantenerlos constreñidos a una función y en un nicho previamente delineado, del que no soportan que puedan salirse en otras direcciones. Cualquier movimiento no pautado del hijo/a es sentido como amenaza y por tanto impedido, o al menos censurado.

Están las que prescribieron la función del hijo/a: Acompañarlas en su vejez . La novela “Como agua para el chocolate”, posteriormente filmada, ilustraba dramáticamente tal mandato.

También están las madres ajenas a la realidad, con dificultad para registrarlos, que no pueden ver ni oir, despistadas en relación a sus hijos, con un flagrante desconocimiento de sus angustias. En un caso, una madre se planteaba el estancamiento en los estudios de su hijo, como si ese fuese un problema muy grave. Cuando escuché al joven, expresó su preocupación jporque teniendo 23 años, le interesaban los púberes de 13. Sabía el riesgo que implicaba tal  cosa .  Las inclinaciones homosexuales que lo ligaban a menores de edad constituían su verdadera fuente de preocupación y angustia. Esta situación marca un extremo, pero sin llegar a tanta distancia entre los planteos de madres e hijos, son muchas las situaciones que cabe escuchar.

Lo común en estos casos es el no reconocimeinto  del hijo/a que vale como forma sutil de ferocidad, en tanto lo priva de elementos para poder construir una esperanzada imagen de sí mismo

Así se puede así rastrear las múltiples formas de lo atroz en una escalada desde el desconocimiento y la indiferencia como letal, a las hostilidades verbales y de agresión física, que en su forma más extrema queda registrada en la crónica policial.

Insistencias

Hubo un fracaso terapéutico que me puso a revisar mis ideas al respecto de éste tema.

La revisión del caso me permitió despejar un par de puntas desde las cuales considerar lo acaecido.

(Caso S,T.) En la historia de S. es relevante un dato: el suicidio de su madre y de una tía, cuando ella era niña.

¿Qué idea de familia pudo gestionar sobre esa base? ¿Qué influencia pudo tener esa circunstancia en su propia vida? Es la madre que referí anteriormente que expresó: “Si a mí me arruinaron la vida ¿por qué no voy a arruinársela a los demás?”.

En el momento de la consulta estaba distanciada de sus hijos. Lo que sugería sus palabras es que estaba  impregnada de una visión negativa y de extrema decepción y desconfianza.

Su noviazgo y casamiento  fueron referidos como situaciones deseables, así como sus estudios en humanidades.

Al nacer los hijos su relación de pareja quedó subordinada al cuidado y asistencia de ellos. “Por más de 10 años no tuve una salida con mi esposo. Pensaba que nadie podía cuidarlos como yo”. (Ella y su esposo se separaron cuando los hijos eran adolescentes)

“A mi primer hijo lo llevaba al médico todas las semanas. Había nacido delicado, con problemas respiratorios. No estaba tranquila. Siempre me dediqué a él.

Cuando fue a la escuela le prestaba toda la atención. Si venía con el guardapolvo con los botones arrancados, yo me encargaba de que al día siguiente volviera como un duque. Me ocupaba todo el tiempo de ellos. Les hacía una torta diferente todas las semanas.

¡Con todos los sacrificios que hice por él…! Me defraudó…

Viví para él y su hermana…Maldigo la hora…Soy rencorosa, se me murió el amor…”

S. no puede considerar  algunas alternativas al modo de relación familiar, la subordinación de la relación conyugal y la dedicación exclusiva y excluyente a los hijos como algo a reconsiderar.

No dudó en ningún momento de que la actual distancia con el hijo y la relación de hostilidad con la hija puedan ser modificadas. Está segura de que es imposible. No hay disposición para examinar y cuestionar su propia modalidad relacional. Lo que se plantea es que: “Esto es así”. (la ingratitud de los hijos y su desempeño como madre, que no era pasible de ninguna revisión)

Le costaba establecer relación entre su propia orfandad y su modo de asumir la maternidad, salvo como justificatoria de sus desempeño.

Las frases que insisten (en este caso y en otros) son: “Con todos los sacrificios que hice…”

La otra; “Hay madres que tratan para el culo a sus hijos y ellos las adoran…”

“Con todo lo que hice por “estos chicos”…

Las frases comportan un sentimiento de base: el de una injusticia de la que se considera víctima y la dificultad para efectuar una autocrítica de su propia posición.

Este ejercicio del rol materno subordinando toda la vida familiar a los niños (Por 10 años no tuve una salida con mi esposo) y la subsecuente decepción cuando los hijos “no son lo que esperaba” entrar a formar parte de una forma solapada de ferocidad.

“Tus hijos no son tus hijos” decía Kalil Gibrán. Pero ¿quién se convence?

Una dimensión oculta (¿secreta o inconciente?) en  anhelos maternales pone en marcha el mecanismo por el cual los hijos son pensados no como “otros”, sino como prolongaciones de sí. Por tanto obligados a proveer las satisfacciones que la vida negó, o que por su propia historia no pudo conseguir.

La posibilidad de secretos de las mujeres, en muchos casos anida en relación al sentimiento de fracaso en el ejercicio del rol materno. En la intolerancia a las particularidades de los hijos, a los caminos que éstos eligen ¿qué se está jugando? Son cuestiones que no se animan a formularse ni a sí mismas, que cuesta develar y discernir en su profunda significación. Nos atañe en lo más primitivo, en lo fundante

¿Cómo quedará cuestionado el propio concepto de sí mismas en el caso de las madres de niños con discapacidades? (caso Eleonora)

En el caso de madres de hijos/as suicidas?

En madres de delincuentes, adictos, psicóticos?

¿Cómo entrará en la idea sobre las propias valoración la dificultad para llevar a  término un embarazo y un parto sin interferencias ni complicaciones?

¿Por qué algunas mujeres saben de antemano que deberán ser asistidas con cesárea? (Analía, Ceci)

¿Qué dimensión de lo femenino nos interpela desde esta problemática?

Es imprescindible señalar una constante con pocas excepciones, que es la de que madres maltratadoras generan hijas que replicarán el maltrato con sus propias hijas. De ahí mi cioincidencia con Welldon en el sentido de que es necesario, al considerar una situación, tener en cuenta, al menos tres generaciones.

Otro ángulo es el peso de la frustración en el vínculo conyugal en las actitudes hostiles de esa madre para con sus hijos, Pero como desarrollara en mi tesis de Maestría, ¿cuanto más es posible, que habiéndose generado el universo afectivo en vínculos hostiles se perturbe la formación de los siguientes? Así la niña que tuvo una relación difícil con su madre, y en su familia de origen, cargará con un plus de dificultades para generar relaciones cordiales, cooperativas y satisfactorias en lo conyugal. La consecuencia que me propongo subrayar en este  trabajo, es  la de la sobrecarga en el hijo/a de demandas y reproches. Se le exige demasiado. Sobre él cae el peso de una desdichada historia previa.

Este circuito de hostilidad madre hijo que vuelve como hostilidad de los hijos a las madres habrá sido suficientemente considerado?

Esto es visible en la búsqueda de compensaciones y sustitutos con que los niños/as ( a veces hasta la adultez) tratan de proveerse cuando el espacio de afecto queda mutilado.

Amigas mayores o madres de amigas requeridas en la protección y el consuelo.

Eva refería que una vez hablaba de su soledad y su pena con una amiga que se condolió por su relato. “Y a pesar de que ella está a cargo de su madre inválida, tiene dos hijos y está embarazada del tercero, me vio tan mal que me preguntó si podía hacer algo por mí. Le contesté “Sí, haceme, una comida rica. Fideos con salsa”.

Este reclamo de lo materno protector y nutriente (clave en la evolución de todo ser humano) en cuánto más está potenciado por la carencia?

Aquellas mujeres que perdieron a su madre siendo niñas suelen posicionarse en una interpelación respecto a esa falta como permanente y difícilmente remontable.

Esa condición de parias más evidente aún en quienes no encontraron sustituto y transitaron su vida en la orfandad. Esto afectará el desempeño en el ejercicio de su propio rol materno. Investigado a fondo en el caso de niñas víctimas de abuso se corrobora la fragilidad de una figura materna, las más de las veces, fue victimizada también ella.

Como excepción a esta constante, pude dimensionar su importancia dada a su lugar como madre, en una mujer que había quedado huérfana a los 6 años. Ella pudo encontrar la forma. Quedó a cargo de una abuela y hermanos mayores que la cuidaron con amor. Cuando llegó a consulta sentía que había suplido a través de su rol materno con sus hijas, parte de su falta, siendo con sus cuatro niñas como la madre que hubiese anhelado tener. En ese caso, por las particulares cualidades del clima protector que se creo en la familia, ella pudo establecer dicho proyecto de vida y llevarlo a su consecución con éxito. En ese tiempo sus hijas ya todas eran jóvenes y ella sentía que aún tenía tiempo para ocuparse de sí y forjarse un proyecto propio. De hecho inició estudios universitarios en esa época y los concluyó con éxito, en simultaneidad con dos de sus hijas.

(Contrapuesta al caso de S. la madre quejosa y  acusatoria que desarrollamos).

Y desde los hijos?

También fue interesante escuchar a lo hijos e hijas.

En la original descripción de la ferocidad de lo materno la expresión más contundente fue la siguiente: “Mi mamá es tan mala, que al lado de ella Hitler es Gandhi”.

Otra: “Mamá, como te odio por todo lo que nos hiciste pasar” se decía a sí misma una joven a años de la muerte de su madre. El sentimiento de ella y sus hermanos, por las explosiones de violencia era de estar en riesgo constante. “La palabra, entre nosotros, era: hoy nos mata”.

“Lo peor que me pasó en la vida fue mi madre” expresó aquella joven a quien su madre acusaba de “sucia por dentro y por fuera”.

“Quisiera devolverle todo…lo que gastó para que yo me recibiera, porque me lo sigue echando en cara…Si pudiera devolverle todo, hasta el óvulo con que me gestó, quedaría libre”.

Así la hostilidad de los hijos, consecuente con la de las madres puede tomar diferentes formas e intensidades.

En algunos casos se expresa en los esfuerzos por mantener la distancia respecto a sus madres. Distancia protectora que hace que los perturbe la demanda de ser visitada por ellos, reclamo que se tratará de eludir, y también la demanda de ser recibida en la casa de los hijos pues esa visita se siente como interferencia, y peligro.

“Mentí cuando mi mamá me dijo que quería venir a visitarme e Rosario. Le dije que estaba estudiando para rendir, pero yo ya había dado examen…Cuando viene deja  tanta tensión que hasta pongo sahumerios para ahuyentar el clima que queda”

En una oportunidad registré la forma en que un consultante (casi contador) trajo simultáneamente  la noticia de la adquisición de su casa y de la muerte de su madre con el mismo énfasis. Se explicó diciendo: - No estaba enferma, no era previsible, pero…Mi madre, antes o después iba a morir. En cambio era difícil poder tener una casa… y las dos cosas se dieron juntas

También he registrado la actitud de distancia irreversible de un hombre que al revisar las circunstancias de su historia, tomó la decisión de romper totalmente con su familia de origen. Su verbalización fue entonces: “Debí haber hecho esto mucho antes…” Marcos y Gerardo.

El balance de vida de la hija que cuidó a su madre inválida desde los 8 años hasta los 30, la llevó a plantearse que empezó a vivir después que su madre había muerto. Que esa muerte había significado su liberación.

En algunos casos el rechazo al contacto verbal, físico y emocional es categórico. En planteos como: “Esperaba que me hablara rápido, me dijera lo que me tenía que decir  y terminara pronto, no quería escucharla…” O : “No soporto que me abrace , ni que me bese…” “Odio los domingos porque tengo que ir a verla, y cada vez me cuesta más.” Verónica. Lupe, Arnaldo, Mónica

Puede que haya casos en la destructividad implícita haga necesaria la puesta de distancia (Viviana, Carmen, Mónica)

Otras en las que el deterioro de la imagen es tan letal que irradia sobre hijos e hijas una energía cuyo potencial destructivo apenas nos empezamos a plantear. (Gabriela M, Beatriz S. Bety del Liceo)

Tanto más dañada en su subjetividad la madre (sea por cuestiones socio históricas (víctimas de guerras o inmigración, pobreza o catástrofes), familiares (huérfanas) o personales. tanto mayor su peligrosidad en la esfera íntima en donde su poder no ha sido suficientemente considerado.

Y las madres buenas?

¿Cómo se describe a aquellas madres que suscitan acercamiento y empatía? Hay un ejemplo reciente en la propaganda de tv de una madre que observando al hijo mientras está batiendo un café pregunta por el tatuaje diciendo: “Ah! Es un dragoncito…” en implícita aceptación y complicidad..

En consulta pude escuchar a una madre de hijo serio y formal. Fue ella la que en el último verano se hizo colocar un piercing, suscitando las bromas de él. Cómo si hubiera una suerte de inversión de roles, en la conducta adolescente de la madre y la tolerante concesión del hijo.

Una única vez recibí a una madre que reivindicaba su función con toda contundencia. Su frase fue: “Mis hijos no me deben nada. Yo les debo a ellos la experiencia de gestarlos, parirlos y criarlos, que es la más maravillosa aventura que pude imaginar.”

Reivindicar ese lugar para sus hijos me hizo pensar en un vínculo muy logrado, en  acuerdo y mutua aceptación.

Se lo escucha como totalmente opuesto a la demanda de aquella que planteaba: “Con todos los sacrificios que hice…” como interpelación desoída por esos hijos supuestamente ingratos a los que repudiaba

Notas

El síndrome de Munchausen ocurre por problemas psicológicos del adulto y es generalmente un comportamiento que busca llamar la atención de los demás. Sin embargo, el síndrome puede atentar contra la vida del niño involucrado ya que este comportamiento inusual puede llegar hasta el punto de daño físico grave e incluso la muerte.

Guillermo Saccomano comenta: …geografía que, a pesar de sus diferentes paisajes y costumbres, sus escritores supieron llamar “madrecita”, “madrecita Rusia”. Pero esta madrecita, tierra de la melodramática madre gorkiana, es también el escenario en el que, bajo la sombra de Stalin, durante la hambruna campesina decretada como asesinato en masa, madres kalmucas muertas de hambre se comieron a sus hijos. A estos episodios de canibalismo Grossman había ya hecho referencia en Vida y destino, pero ahora los profundiza: “A los caníbales los fusilaron, pero no eran éstos, los caníbales, los culpables: eran los que llevaron a una madre hasta el extremo de comerse a sus hijos”. Este es uno de los tantos temas siniestros que, tácita o directamente, constituyen el proyecto narrativo de Grossman, quien con sólo dos novelas se presenta como el último narrador ruso clásico y, a la vez, como un artista que no teme que la puesta en escena de ideas pueda empantanarle la trama porque su discusión es precisamente parte indisoluble de la tensión novelística.

Ariel Cresciente

7 dic 2020

3- FAMILIAS

 

De lo sencillo a lo complejo

Peso de las historias familiares

Gabriela relata: La casa de los padres fue construída en el terreno de los abuelos. El dormitorio de sus padres daba  sobre la medianera. Y el padre era convocado a desayunar cada mañana con su madre, con golpecitos  en la pared. Cada mañana.  Esa intromisión que resultó lesiva operó por acumulación. Tenía esa madre un vínculo posesivo con su hijo así como hostil con el marido. Tanto que alardeaba de agregar al mate que le cebaba ....basura.

Hay familias en las que pesa la historia de las abuelas contrapuestas. Eva contaba a su abuela paterna como modelo por lo vital, en tanto que la abuela materna tenía una actitud quejosa y reprochante. Ella sentía el peso de su insatisfacción y en cambio era muy estimulante compartir con la otra, por su alegría.

Analía comentaba un linaje familiar en que la  sensibilidad extrema ponía dificultades en resolver la cotidianidad : ella, su padre, una sobrina, vivían cada experiencia como en carne viva, y les resultaba complicado  hasta lo más sencillo.

También fueron familias que trajeron la complejidad en su conformación por el ensamble de hijos de anteriores relaciones que debían compatibilizar en una convivencia a gestionar. Gestión que en ocasiones costaba, aún con buena voluntad. ( Florencia., Elena)

EN LO COTIDIANO: CAMBIOS EN LA CONFORMACIÓN DE LAS FAMILIAS

En la conformación de dichas familias a veces se ha desafiado a lograr aprendizajes: Margarita y su mamá, celebrando, como sorpresa en el desayuno, el cumple de uno de los medio hermanos, hijo del primer matrimonio de su papá.

El niño de Erika en relación afectuosa con la ex esposa de su papá.
Así, una diversidad de familias: ensambladas, uniparentales, de hijos de dos padres, o de dos  madres han dado su testimonio.

Situaciones originales como las de un  nuevo esposo que se hace cargo de los niños, con una responsabilidad que no asume el padre biológico.

Familias con una conformación novedosa:  Cristina relata que sus hijos fueron dejando la casa en que crecieron. Dos se mudaron juntos y la tercera se les unió después. Ella quedó libre de la responsabilidad de asistirlos pero con la alegría de visitarlos. El padre, que había constituido una nueva pareja enviudó. Allí solicitó a los hijos  ir a vivir con ellos.

En otro caso un joven recibió en su casa al hermano de su novia. Compartían gastos y distribuían las tareas. Siguieron con ese arreglo aún cuando el noviazgo no continuó y se complejizó más cuando el padre de su exnovia se sumó al grupo.

Así registramos desde las miradas más conservadoras a las más innovadoras.

Para la suegra de Ceci, que la primera esposa de Juan y ella estuvieran juntas compartiendo la despedida de vacaciones, de uno de los hijos de ese primer matrimonio era algo inaceptable. Decía que esa situación en que las dos  podían estar juntas le “daba asco”. Pero los dos hijos del primer matrimonio y la niña del segundo tenían muy buena relación.

En cambio María estuvo dispuesta a llevar a su sobrina a la presentación de danza de su media hermana ( de un segundo matrimonio del padre) y se acompañó con la hija de la tercera compañera de éste,  que tiene  su edad.

En la fiesta de casamiento de Marcela,  resuelven el conflicto de lugares, disponiendo en la mesa principal a todos los hermanos, mediohermanos y hermanastros. Se decide como modo  más armonioso. Son nueve.
 

Cambios en la idea de Disciplina y en la de Comunicación

Está en crisis la diferencia en la jerarquía que se asigna en distintas generaciones. Las normativas convencionales han sido revisadas con la puesta en duda de la obediencia acrítica y en favor de una mayor importancia a la autonomía de los niños y al respeto recíproco.

Jorge, el “peor del grado” y sus éxitos económicos dan cuenta de ello. Es el que logró empresas en Argentina y en otros países, acredita  propiedades y cuatro bodas. Para una mirada convencional, se diría que fue exitoso. Lo paradójico es que por su condición de travieso, fue el único niño en que se cumplió la amenaza de “te voy a poner pupilo”, máxima penalidad de aquellos años.

También  único el caso de Ana, en que fue  desheredada formalmente  por sus padres ricos (Opus Dei) como castigo por casarse con un judío divorciado y padre a cargo de dos niños. Hasta donde supe, sostuvo la unión en armonía, contradiciendo previsiones funestas.

Estos sucesos ponen en jaque la idea de la obediencia como una virtud. Planteo de una ética de la sumisión, postulada por la “Santa Obediencia”  en las religiones y la “Obediencia debida” en las Fuerzas Armadas. Derrotar esa rebeldía parecía tradicionalmente, preparar para la vida. Educar en la sumisión, es vista hoy, una forma contradictoria y equívoca.

No obstante los cambios coexisten con  una desaprobación,ligada a miradas tradicionales.

De una vieja tía : que el novio bese a la novia en sus 15, era inapropiado. De que el novio se quede durmiendo en casa de la novia, directamente  impensable.

En un caso había una desaprobación de relaciones prematrimoniales por parte del padre (adúltero y luego divorciado)

En otro una férrea oposición a la  separación de una hija, por una madre en conyugalidad violenta en su propio matrimonio.
Una abuela seguía sintiendo el embarazo soltera de su nieta como deshonor

Obstaculizar

Ha sucedido, con menos frecuencia, a medida que cambiaron las costumbres, que los acercamientos amorosos de los jóvenes pudieran ser objetados por las familias, por diferencias:
De clase: recuerdo una pareja en un conflicto porque sus familias vivían en diferentes sectores del pueblo. La casa de ella estaba “del otro lado de la vía”, y eso parecía  hacer obstáculo, aunque eran compañeros de curso.

Por diferencia de raza, en la preocupación de una madre, por el  vínculo de su hija con un caribeño mulato.
De religión: Padres Opus Dei a unión de hija con judío divorciado (los padres la desheredaron)
Por la relación homosexual (de Andrea  y Betiana)
Por diferencias de edad: Sara y su esposo (se conocieron a los 12 de él y 17 de ella. Se casaron a los 23 y 28. Tuvieron 4 hijos) pese a la oposición de las dos familias.

Abuelos de Lía. Se casaron cuando ella tenía 30 y él 20, con gran escándalo y resistencia. Vivieron juntos. Cuando él murió de 80, ella de 90 quedó inconsolable

EN LO LO COTIDIANO:  TRABAJO DOMÉSTICO

La asignación de estas tareas a las mujeres, ineludible para generaciones anteriores  está siendo replanteada.

Emilia recibe mensaje de su tío: “Llevo un vino patero, factura y una torta a cambio de baño limpio”. Le recomiendan dejar  mensaje al tío: “Tomá : aquí te dejé CIF, lavandina y esponja” en un cartelito con florcitas, para atenuar.

Viviana y la cafetera sucia del Politécnico:  le sugirieron lavarla y ella se puso a reír. Y por su posición sobre estos temas espinosos fue descripta por sus compañeros, como una “mujer brava”.

Empleadas

En algunos casos tratadas como familia: Delma que hizo amistad con su vecina. Vecina a la que, años después quedó confiado  el cuidado de sus niños.

Graciela  que encuentra en su empleada de años, Susana su amiga y confidente.

Familia de Verónica con Margarita y con Vicenta, a quienes acogen, y a quienes incluyen.

Cuando Mariela plantea que va a dejar la casa paterna, para ir a vivir con su pareja, se crea una situación en que todos expresan sus sentimientos. El padre se confiesa desolado, por el paso del tiempo. La madre comenta que es toda una decisión, una de las abuelas dice que no pudo dormir, la otra lloriquea, es la empleada la que pone la voz del sentido común: “Le voy a preparar milanesas, arrollado y pastel de carne, para que los frize en su nueva casa”.

En otros tratadas como siervas: la madre de Mónica dejando encerrada bajo llave a la empleada. La de Stella, censurando el escote de la más joven. Le arrojó enojada a la empleada,  la comida que ésta le acercó, a la cara.

La madre de Analía : “Qué sucio está todo! No podés tomar a alguien que te ayude?

Como soluciones atípicas:
Alejandra tomó un empleado varón para cuidado de los niños. Pero al tiempo supo que había iniciado una relación con su esposo.

Otra tiene a su tío a cargo de limpieza y mantenimiento de la casa.
 

Delma contaba con un muchacho que se instaló en el campo, con los padres y además de atender la casa hacía de enfermero del padre
 

LOS DESPOTISMOS PATERNOS

HOMBRES

Familia y patriarcado

En el film “Con los ojos cerrados” (Francesca Archibugui) el personaje paterno dirige con despotismo, las vidas de hijos, siervos y dispone las castraciones de los animales (aún de los domésticos) y el destino de quienes lo rodean.

En la clínica: el hermano del odontólogo que me consulta, se suicida por su  dificultad en asumir su homosexualidad. Las humillaciones que recibió de niño fueron enormes. La madre se refiere  a  su muerte, sin nombrarla, como “una gran desgracia”.

El padre de cinco hijos, comerciante de zona sur (verdulería que atiende la familia) ejerce una gran presión haciendo  referencia a la dependencia económica de los hijos, que trabajan con él. Uno de ellos se suicidó hace un año. No hubo en esos padres despóticos capacidad de replantearse su actitud.

Diferentes familias. Diferente pertenencia socioeconómica y cultural. El mismo despotismo.

Otros hombres despóticos no casados ejercían su dominio sobre hermanos y sobrinos. El más representativo fue Ceferino  (nombre del abuelo, primer varón) y sus 300 propiedades.

Conflictiva del trabajo en el negocio familiar                                          
En la empresa de  repuestos del padre (Lionel), en la fábrica de tubos de cemento (Alberto ), en la distribuidora de juntas (Pepe ) la existencia de ese espacio resultó en  un impedimento para elegir con libertad las propias metas. Son hijos en que se juega la gratitud por el legado y al mismo tiempo el peso por la carga que implica.
La tarea de administradora de los bienes del padre (María Luz) o del esposo (María Julia) como inhibiendo las chances de explorar sus propias posibilidades. De  Mónica comprometiendo a sus hijos en la atención de las cabinas.

Padres ausentes

Puede subrayarse que “brillan por su ausencia”. Y convocan una serie de afectos contradictorios, en que suele prevalecer el resentimiento por su falta.

De Graciela : Él dijo: “Yo a Usted no la conozco señorita”.  “Y lo que me hizo sentir es que los desaparecidos de la Dictadura no son los únicos.  Yo fui desaparecida para él”

Daniela  “Yo no le interesaba. No sabía si yo estaba viva o muerta”.

Julia : “Dejé de verlo a los 8 años. Quedó en los E.E. U.U.”

Pilar : “Su padre estuvo ausente hasta que enfermó. Pidió perdón a las hijas que había abandonado”.

Un padre que se fue el día que su hija se casó. No volvió. Ese día es el que había estado esperando. Tuvo otro matrimonio y un hijo. Fue paradójico que ella lo conociera como alumno, muchos años después.

El área del trabajo

Convengamos que la identidad masculina, encuentra en su desempeño laboral y en sus logros económicos un fuerte asidero. Pero lo singular ha sido, el surgimiento en estos años de nuevas formas de insertarse.

Trabajos no convencionales innovadores:


Me siguen asombrando: instalar Cabinas, abrir canchas de paddle, una guardería náutica, o una casa de fiestas. Poner en  alquiler camiones a COTO, poner a trabajar taxis. O dedicarse a la venta productos eróticos.

Un experto en Ciencias agrarias: se dedicó a la implementación de un campo para jugar criquet para niños de una Villa.

Un Arquitecto se especializó en el montaje y cuidado de canchas de golf.

Un Musicoterapéuta tomó dirección de orquesta del barrio toba.

 

Hombres: Amores

Es notoria, para la mayoría de los varones, la dificultad en el registro del significado de los vínculos amorosos. Así se ve en diferentes ocasiones , el hecho de no advertir y de no incluir como violencia la manipulación de  tiempo y energías de la eventual pareja. Otra forma frecuente es reducir la forma en que conciben la violencia a sus formas más extremas. Y ni sospechar ni  entender como tales, la trampa  y la traición a la palabra comprometida. “No soy violento!” afirmaba convencido Víctor cuando su esposa decidió dejarlo al conocer su infidelidad prolongada. No podía entender dicha infidelidad  como violencia.

En la misma línea de reflexiones, suelen ser exigentes en el cumplimiento de la fidelidad a la palabra dada en el terreno de la amistad. La lealtad entre amigos, es sumamente valorada.
En cambio con desconocidos...Conocí  una situación singular en un joven, que se enamoró al ver la fotografía de la que sentía: “Iba a ser el amor de mi vida” Pero sucedió que la joven ya estaba comprometida. Entonces, me relata, se puso a la tarea de la conquista. ¿Cómo? “Convenciéndola que yo era  mejor opción. Hasta que me aceptó”

De los varones de este tiempo puede registrarse que quedan en precariedad si enviudan, ya mayores, y después de haber sido asistidos en matrimonios tradicionales. Esperan cuidados en sus nuevos vínculos. Eduardo no se aviene a compromisos, pero espera que las mujeres con que se vinculan, se adecúen a un modelo convencional de feminidad.

También hemos registrado la turbación de varones cuando son desdeñados, en favor a otro/a: Ricardo porque la joven que él amaba le dijo que ella era homosexual.

Néstor cuando su amante le dijo que había iniciado una relación con otro: “Y el otro era un huérfano, mecánico, casi indigente”.

Inseguros como José en celos retrospectivos respecto a su esposa (fantaseando que pudo significarle aquel encuentro en el pasado en que ella amó a otro.

Walter perturbado por los prolegómenos de la relación sexual,planteándose si son “correctos”.

Y en otra generación, Cristian refiriéndose con desenfado a genitales femeninos.

Un sacerdote (Padre Marcelo) expresando con valentía sus escrúpulos para escuchar consultas de matrimonios por su desconocimiento del tema.

Y como desopilante el comentario de Juan Alberto, cuando me relataba un apasionado encuentro y dijo:  “Me parece que con lo que le cuento, usted aprende”.
 

Padres

Aunque el nacimiento de los hijos varones implica  una fuerte confirmación, los padres suelen relatar que despiertan a un universo desconocido, cuando nacen sus niñitas.

 Marcos cuenta que pudo conectarse con la idea de una nueva paternidad, cuando en la primera  ecografía, tuvo el registro en imágenes de su hija. Desde ese momento algo en él, hizo “click” y pudo empezar a incorporarla a su mundo. Así, cuando esperaba a su primera hija, por primera vez en su vida,  deseó salir  de su introversión y parquedad y aprender a comunicarse. “Fue la primera persona con la que  yo quisiera hacerlo”

Jorge relataba deslumbrado que “Yo, de pibe, me la pasaba pidiendo chicas. Pero antes de Sofía, no sabía que pedía, cuando pedía chicas”. Nunca había podido pensarse desde el lugar que ella inauguró, después de dos hijos varones.

José  también fue muy explícito: “No recuerdo como era mi vida antes”. También se  refiere a la desolación cuando “Esa bebita que sostenía con una sola mano, de pronto creció y no lo puedo creer: ¡ya usa corpiño!”

Juan  expresa sus sentimientos  en su  poesía a Julieta. (*)
Hubo el que cuando su hija de 14 se puso de novia, estuvo tres noches sin poder dormir.

Y el que fingía mirar T.V. para que no se le notaran las lágrimas, cuando le anunciaron la boda.

Y desde el otro lugar, las hijas de padres en su final, refieren despedidas sentidas y emocionadas. Stella contaba que en sus últimos días, el padre molesto con las visitas, fingía dormir, pero que respondía apretándole la mano cuando era ella la que se acercaba.  
 Beatriz  lo cuidaba esa noche, y antes de morir él  le pidió que lo abrazara, ella se preguntó por qué y él respondió : “Porque me estoy muriendo” y así  falleció.

Andrea se acostó a su lado y lo abrazó. Le dijo que sabía que  él  la había querido más que a nadie. Él asintió antes de morir.

Analía refiere que el padre se mostraba consternado cuando ella discutía con su madre. Y aunque trataba de no intervenir, alguna oportunidad le dijo: “Es que a ella la conocí antes…” frase de una ambigüedad enorme...

Así a veces esa relación de las hijas con el padre pone en evidencia las fracturas en la relación de éste con la madre. Y el conflicto entre ellas se hacen más evidentes si el padre que siempre amortiguó fricciones, muere.

También suelen escucharse  críticas muy ácidas cuando el padre, en caso de estar separado, inaugura nuevos vínculos. La enemistad con nuevas relaciones, puede  incluir  competencia y celos:
“Cuando vendió la bragueta, dejó de estar presente”, contaba María respecto a una nueva unión, ventajosa en lo económico y profesional, para su padre.

Y Flor contaba: “Se nota cuando está con esa mina … Se nota porque cuando está  “enconchado”  desaparece. Todo el lugar a se lo da a “esa”  y no viene a vernos”.

Así, una relación con matices que van de lo idílico a lo tormentoso, suele abundar en el relato tanto de padres como de hijas, en este patriarcado con tanta historia y tantos avatares.

 Es claro que la primera noción de masculinidad viene encarnada en ese primer hombre que va a delinear  las formas en que  esta masculinidad quede  inscripta. Y que va a sentar las bases en la construcción del modelo vincular del que se parta en los futuros intercambios, en las futuras relaciones con varones que vaya a transitar.

Hay relaciones con el padre que  permean y atraviesan de tal modo  todas las circunstancias de la vida de esas hijas, que parecieran que no llegaran a alcanzar una autonomía económica y emocional. Es el caso de una protección llevada tan lejos como para convertirse en obstáculo a los propios crecimientos.

Juegan papeles importantes siempre. Ausentes (como el de Graciela: “Yo a usted no la conozco, señorita”) o sobreprotectores como Jorge (visitando el campamento a hurtadillas) , Rodolfo (oponiéndose a las salidas) o el padre de Ana, que en su primera salida, pasó por la puerta del boliche. Y hubo el que cuando su hija de catorce años empezó a noviar estuvo alterado, tres noches sin poder dormir.

Otro se cuestionaba pasar a la bebé del lecho que compartía con los padres a la cuna con la pena de preguntarse: “¿Y si se cree que no la queremos?”

Otro asumía la responsabilidad no solo  de la hija de su primer matrimonio, y del segundo. También se hacía cargo de la hija de su tercera esposa.

Otro que tenía ocho hijos, a los  extramatrimoniales los sostenía en lo económico, pero no los inscribía con su apellido.
Al fin, un tercero, que tuvo simultáneamente hijos de dos mujeres, los inscribió no solo con su apellido, sino también  con el mismo  nombre.

Experiencias . ¿Inexplicables?

En dos casos los padres registraron los riesgos corridos por sus hijas, sin que mediaran datos.

Uno cuando al perderla de vista corrió hacia ella y fue directamente a un pozo en un baldío al que estaba cayendo y la alcanzó a tomar e izarla del cabello.

Otro cuando sintió golpes en la puerta, se levantó a abrir,pero no había nadie. Esto se repitió otra vez. La siguiente lo confrontó con un agente que venía a avisarle de un accidente sucedido a su hija.
Negligencias de hombres solos

¿Como forma de castigo o como expresión de infantilidad?

El ex de Bety, dejo caer hasta las ruinas la casa  familiar cuando ella lo dejó viviendo en ella con las hijas. No pagó más impuestos ni servicios. Tampoco reparó lo que se deterioraba.

Angel  no limpió y reemplazó con trozos de manguera la roturas en las canillas, después de la separación.

Héctor, en el cuarto de  baño dispuso un balde y una manguera para reemplazar artefactos averiados.

Todos ellos como confirmando el supuesto de la casa como ámbito de lo femenino.

NIÑOS Y NIÑAS

Sus respuestas ingeniosas merecen atención. Bautista subiendo al taxi: “Muchacho, llévame de Natacha”. El padre le dice para recordarle buenos modales: “¿Cómo?”. Y él: “Ah,  muchacho, por favor, llévame de Natacha”. (Sin decir la dirección)

Tenía que hacer una reflexión en relación al Lavatorio de los pies, en Semana Santa, sobre el significado que tiene la ceremonia. Cuando tuvo que contestar dijo: “Y…tendrían las patas sucias!”

Había creado un juego, en que un compañero que hacía de pescador, lo llevaba con el dedo en la comisura de la boca como si fuera un pescado. La maestra lo invitó a que fuera por las otras aulas mostrando el juego. Cuando volvieron en su sillita estaba sentado otro alumno. Entonces dijo, con toda corrección y usando todos los nombres: “Señorita Claudia Marcela, el niño Julio Cesar Roberto, me cagó la silla.”

El día de su cirugía (adenoides) le tomó a su mamá la cara con las dos manos  y acercando su cara a la de ella le dijo: “Mamá, no preocupes”

A la profesora de Inglés: “La felicito, señorita. Muy linda su clase, me gustó mucho”. (Jardín de 4 años)

También están quienes son claras y categóricas en sus pedidos. La niña que en casa de su amiguita dice a la madre, que las llama a merendar: “La próxima teneme un sandwich de salame”.

Otra encarga al volver : “Pinturitas, un taper, una tarjeta de cole”.
 

La palabra y su valor en los niños/as

Aquiles a la salida del jardín estaba muy serio. Al ser indagado pudo decir: “Ahora no te voy a contar. Te voy a contar después, a la noche”.  Y en otra oportunidad, cuando él la notó preocupada dijo: “Contame que te pasa. Si no podés contarme todo, decime  los títulos por lo menos”.

Y la nieta de Cristina:  “Voy a tener que volver a pensar si me gusta el auto nuevo”.

 Agus  ante las preguntas de la madre, respecto a salidas  no quería responder. Ante la insistencia le dijo. ¿Tomándose su tiempo para procesar la experiencia? “No me preguntes ahora. Ya te voy a decir”.
“Puedo chochilear?” Gise de 5 años.  Ella habla de “Ovalú”mezcla de óvulo y útero, que da lugar al hermanito. Se preocupa por si hace pis y caca dentro de la panza. Aclara que este es hijo de la panza, pero que también hay hijos “por adicción”.

      
El niño escuchaba la explicación de que no había nacido de la mamá que lo cuidaba, que no había nacido de su panza. Y peguntó: “¿Y de la panza de papá?”

El niño, hijo de Florencia le dijo a Marcos, que había  iniciado una relación conflictiva con ella, y después de una reconciliación: “Te voy a dar un consejo: que empieces de cero con mi mamá.”

Nieto de G.: “A los animales no se les golpea, ni se les patea” Nooo! Luego de reflexionar agregó: “A los autos y los camiones tampoco. Noooo!”

Y Julián: “ Yo voy a tomar la teta hasta que quiera, hasta los 100 años, porque soy muy hevy y muy jodido!” Contestó así al argumento de su madre: “Si vos sos grande para elegir  dibujos ver en Foxs Kits es que ya no sos chico como para tomar la teta. Si sos grande para una cosa , sos grande para la otra”.

Bautista estimulado y festejado cuando pasó de la pelela al inodoro, pidió en la escuela (Jardín) ir al baño. Lo acompañó una auxiliar, como era costumbre.  Y una vez logrado su cometido se puso a aplaudir  al grito de : “Viva campeón, viva campeón!”

Lágrimas en los niños/as:

Sofía: “Se me cayeron dos lágrimas” en la piyamada.  “Quiero ir sin lágrimas a la escuela”, hijo de Graciela D., “Lloré para adentro”, hijo de Sergio H. por maltrato de un compañero.

Hijos en medio en colecho : María Julia, Paula I., Madre escolar, Andre y D. A la propuesta  de pasarla a la cuna, el padre de Gina no se resigna.

Este cuidado de los hijos, se acentúa en la actualidad, en relación a cuestiones de seguridad, que no posibilitan el despliegue de niños y niñas tal como se daba en generaciones anteriores. Así hasta la preadolescencia, es frecuente que sean los padres y madres los que llevan y traen a sus hijos de la escuela y las actividades complementarias. Es usual que niñas y niños tampoco queden solos en la casa, sin supervisión de adultos. Hay un cambio profundo en el registro del mundo exterior. La calle pasa a ser significada de otro modo: ya no como lugar de juegos, sino de riesgos y  acotado por mil recomendaciones. El manejarse en la cotidianidad para transitarla, va exigiendo un entrenamiento diferido, como el del uso de colectivos y hasta del ascensor!

Jóvenes (según la madurez  o el grado de involucramiento)
Tal vez resultado del  individualismo o los criterios de promoción personal a todo costo,  hemos encontrado más dificultades en la participación en cuestiones familiares. Hay menor  disponibilidad que implique renuncias a las propias cuestiones. Pareciera ésta una generación con menos entrenamiento en ello. (Leo cuando enfermó su madre, no se pudo acercar, Mabel cuando diagnosticaron a su padre tampoco.  Como si el registro de la enfermedad, el deterioro y la muerte no pudieran ser incorporado. Yanina planteó explícitamente que no iba a alterar su vida y sus rutinas por el cuadro de invalidez de su padre)

MUJERES

Nombre y apellido

Hubo quienes con la revisión de su historia asumieron  sus  nombres, desde un lugar de reconocimiento a  dimensiones no valoradas antes: Nancy empezó a utilizar  María,su segundo nombre  después de los 50 años y de hechos conmocionantes (Divorcio de su largo matrimonio, publicación de sus libros).

Marilina siempre se había hecho llamar así. Era una síntesis de su nombre  verdadero:  María Isolina, el de su abuela. Pudo hacerlo  a partir de haberse cuestionado su rol en la familia de origen y sus proyectos a futuro.

En esta última generación se registra un aumento en el número de mujeres que tomaron las riendas de su vida, asumieron la responsabilidad de la economía. Son quienes dejaron la casa de los padres y se fueron a crear sus propios espacios. En algunos casos, sus compañeros han sido incluidos en la convivencia: Cecilia P. (casi a término de su embarazo el novio fue a su lado), Claudia C. que habitaba su departamento cuando inició relación con quien sería su esposo. Paula I. también ya vivía fuera de la casa paterna cuando conoció al que sería su compañero. Del mismo modo Ayelén antes del encuentro era autónoma e independiente. Todos ellos, sus compañeros, vivían aún con sus familias de origen.

También es frecuente la intervención de padres proveedores de algunas jóvenes, que organizan su estilo de vida, en función de esta cuestión, (Emilia, Daniela, Paula, María Luz). Esto crea la contradictoria situación de tener  que atender a las normativas paternas, en este caso restando autonomía. (a la inversa del primer grupo, en que los logros fueron obtenidos por las protagonistas)
Aún en mujeres adultas, en donde los crecimientos continúan sin pausa, y que pueden plantearse reflexiones valiosísimas, como ésta: “Yo no estaba despierta, y no estaba parada. Por eso me pasaron muchas cosas. Ahora se que tengo que salirme de ese  lugar…Si me  pude construir  a mí misma a partir de los huesos, cuando murió mi esposo, voy a poder también hacerlo y cantando.”
Las cuestiones estéticas

Estos últimos años han significado un cambio importante en el lugar otorgado al uso de cirugías de embellecimiento. El registro de estas cirugías pasa a incorporarse desde una aceptación mayor en las más jóvenes. Respecto a las mujeres mayores prevalece una cierta discreción, en que el empleo de siliconas, botox, operación de párpados, relleno de labios, agrandamiento o reducción de senos, glúteos, caderas, suele ocultarse. En torno a estos blasones de feminidad convencional es posible que la competencia en relación a la belleza,  disminuya la prudencia. Cuánta rivalidad puede poner en marcha la tarea emprendida para ser bella? Y además cuánta rivalidad previa está expresando!

Complementariamente a esto, la aparición de la mujer bella, que en el transcurso del tratamiento adelgazó 20 kilos, fue una experiencia significativa. Afrontaba el duelo de su hermano y su esposo y del padre de su esposo, fallecidos en el término de semanas uno de otro. Significaba un esfuerzo emocional procesar un nuevo modo de funcionamiento, desde el dolor y desamparo iniciales. Fue como si fuera apareciendo, consulta tras consulta, una nueva persona que ganaba fuerza y perdía volumen. Se hicieron visibles los rasgos ocultos por el sobrepeso.

Livia , con la espalda cargada y dolorida y triste, consulta al traumatólogo que dice : “ La columna está bien, lo que tenés jorobada es la vida”. (Había consultado perseguida por el recuerdo de una tía que era tan jorobada, que cuando murió la tuvieron que colocar de costado en el ataúd).

Amor y erotismo

El embellecimiento a cualquier costo funciona como el precio a pagar en el anhelo de ser amada, de ser deseada. Anhelos  jerarquizados en exceso? Ya vimos la importancia otorgada al establecimiento de un vínculo amoroso, en torno al cual, y como secundarios ha sido muy frecuente que las mujeres construyeran sus otros proyectos, devaluados desde el inicio.

Trabajos

La tarea docente como la que es prevaleciente en mis consultantes, me pone en contacto con problemáticas específicas.

Así, encontré  relatos respecto al ejercicio profesional que me resultaron convocantes. El trabajo en escuelas de la periferia  como fue el caso de varias de las docentes, me permitió valorar:

La tolerancia y sabiduría de  María Elena Interpretando la desaparición de materiales como transgresión, pero sin denunciarla para  poder seguir con el grupo.

La valentía de Patricia, para afrontar el pedido de “peaje” del grupo de los “bravos”antes de llegar a la escuela.

La reflexión de Mary y sus alumnas sin aspiraciones, porque no se animaban a soñar  y que ella quería alentar para que siguieran estudiando.

La preocupación de Mercedes por las sanciones a sus “alumnos con  gorrito” en escuela nocturna, que ella apoyaba para que no desertaran.

Preocupación similar a la de Andrea, tres  turnos, cuatro escuelas, diversos ciclos. Porque al internarse en Las Flores, sabía que con sus clases de Arte, les abría a sus alumnas una pequeñita posibilidad de otro mundo.
 
Además de acompañar su empeño en las tareas en que se comprometían, pude apoyar otros intentos de obtener autonomía.

Por ejemplo, obtener su Licencia de conducir: Verónica, Loli, Andrea (¡)Marta I. (simultáneamente a su embarazo anhelado)

Potenciar los esfuerzos para comprar o alquilar vivienda, a partir de sus trabajos y con sus propios recursos (Viviana, Eva)

También fui testigo de un  hecho: el de que mujeres que realizan actividades significativas en lo profesional, muchas veces no encuentran lugar en la casa para situar su espacio de trabajo.

El caso más notable que escuché el de una contadora que tenía en el balcón cerrado su escritorio y una estantería con biblioratos y en el lavadero, al otro extremo del departamento, su computadora. Entre ambos el comedor con la mesa en la que trabajaba, y la cocina por los que debía desplazarse, de una a otra punta del departamento.

Los miedos y el resentimiento

En el transcurso de las consultas, he  escuchado acerca de miedos que impotentizan. Que no permiten adquirir  destrezas: aprender a nadar, a andar en bicicleta, a conducir un auto, a cursar el secundario. Que privan a las mujeres de continuar una carrera, superar un aplazo, perseverar en un trabajo.

Que les impiden ganar la calle, ganarse la vida, dar la cara. Proteger a otro. (Sara,  Clelia, Leonor,Mabel)

También he oído en otras del resentimiento que vampiriza energías y oscurece proyectos. (Clelia, madres de S.S., G.M., Andrea A.)
 

MADRES

I - Un interrogante feroz

"El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre...Entonces, traté de explicar que había algo tranquilizador...Hay un palo, de piedra por supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege si, de repente, eso se cierra"
Jacques, Lacan, Seminario 17, El reverso del psicoanálisis,
 
Me pregunto, a la luz de los condicionamientos del patriarcado,  cuántos de los ajustes de cuentas que las mujeres tenemos pendientes con nuestras madres, son las que hacen también a las relaciones con nuestras hijas. A aquellos encuentros y desencuentros que jalonan nuestras historias.

Algunas madres entraron en competencia siniestra con sus hijas, cuando estas eran muy festejadas por el padre. Padre que en la fascinación por la niña las hacía sentirse desplazadas.

Y en el extremo más dramático están las que no pudieron  maternar a sus hijas mujeres y despertaron a una envidiosa hostilidad cuando debieron dejar la  posta de líderes de lo femenino en cuestión. (María hostigada por el resentimiento de  la madre  y por la envidia envenenada de la amante de su padre, ambas mujeres parecían no soportar  el vínculo que ella  tenía con su padre, y literalmente se lo expresaban).

En otro orden, hay madres que no pudieron escuchar necesidades y  funcionar como modelos y soportes de sus hijas. Que llegaron a la negación de  situaciones abusivas padecidas por éstas en el hogar. Optaron por descreer de sus hijas, para preservar libre de sospechas al hombre del que estaban ¿enamoradas? (Nora Das Biaggio: “Figuras de la madre, fondos de lo materno”).

El drama del abuso se despliega en todas las clases sociales. Un caso del que tuve datos fue el de una adolescente abusada por el ginecólogo de las mujeres de su familia. Familia de nivel socio económico  alto. Cuando contó a su madre lo sucedido, ella se perturbó y consultó a un sacerdote. De la conversación  surgió que decidieron acallar  el tema y lo que la joven sintió fue la traición a su dolor y fue como si ambos justificaran al médico en cuestión. Una actitud sentida como ignorar lo padecido  por la adolescente.
Hay madres que  delegaron a abuelas, tías u otras sustitutas los cuidados. Una consultante lo planteó en estos términos: “Cuando yo tenía dos meses murió mi hermanita mayor. Y mi mamá se sumergió en un duelo sin fin. Tuvo que elegir y optó por mi hermanita. A mí me abarajó una tía, si no hubiera sido así…” 

 

Presencia y ausencia maternas

Entre los modos de llamar a la madre, encontré diversas formas.

Uno de los vínculos más difíciles de los que tenga registro es el de una mujer que a su madre: la llamaba “la Innombrable”.

En el otro extremo escuché el desconsuelo de la que recordaba “que no tenía a quien llamar mamá”. Había sido ubicada al año con  la abuela, y si bien esta era afectuosa, no lograba colmar sus anhelos.

Otra niña, criada  en convivencia con su mamá, su abuela y una tía, y que así tenía figura materna por partida triple, había encontrado la manera de  llamarlas: “Ma” , “Maá” y “Mamá”.  
   
Y hubo otra quien relataba que su mamá trabajaba en la Universidad muchas horas, era la proveedora y sostén económico de la familia. También la que vigilaba las tareas y ponía orden. Pero que una tía abuela muy cariñosa quedaba al cuidado de los niños y se ocupaba de los quehaceres hogareños. Y que todavía, había una abuela materna que se disponía para los paseos y la recreación. Con ellas tres, sentía colmadas todos sus deseos.   

Pero no es frecuente encontrar tal armonía como en estos dos casos.                      
Existe un momento de especial desafío para el vínculo que es el despertar  a  la  sexualidad en las hijas que según los casos se procesa de diversa manera. Desde el rechazo rencoroso y vigilante, en la que empezó a llamarla  “putita temprana”, como era en un caso, al otro extremo con una aceptación  celebratoria, del advenimiento de esa dimensión de la feminidad. Una madre lo describió así: “Es lo más maravilloso que vayas a vivir”

El embarazo en las hijas es un momento de la relación muy revelador del modo en que se haya procesado en la propia experiencia. Se ha descripto la depresión de posparto y las psicosis puerperales, en las protagonistas,  pero creo que debiera consignarse el efecto desestabilizador en muchas madres del embarazo  y frente a la maternidad de sus hijas. Uno de esos efectos está relatado en “Arbol de familia” por  María Rosa Lojo, cuya madre se suicidó una semana antes de que ella tuviera a su primer hijo. Había sido una mujer bellísima que no soportó el paso del tiempo y la declinación. ¿Qué debió significarle ese acontecimiento de la plenitud de su hija, para que no midiera el daño que infligía con su muerte?

Otra refería el proceso de progresiva  psicosis de su madre, cuando ella quedó embarazada y a medida que este embarazo avanzaba. Es un “Lamento andante” decía la joven de ella,  sin poder sustraerse a sus quejas y demandas. Recordaba que a la vuelta de unas  vacaciones, y por una demora en la ruta, la madre asoció trágicamente esa situación,  a los trenes del Holocausto.

 Y al mismo tiempo se figuraba partícipe del embarazo de su hija, solicitando una participación abusiva por lo avasallante. “¡Cómo va a querer este nene a su abuela!” Y ella, la verdadera gestante, temblaba por la cualidad vampirizante de ese amor.

Otra relataba la hostilidad de la pareja de su padre en esas circunstancias, que se expresó con agresiones que iban de lo sutil a lo grosero. Esa pareja se refirió a ella en un correo que dejó a la vista como a “La bruja preñada”. ¿Cuánto odio había detonado su embarazo en esa mujer, amante del padre?

Para las hijas perder a las madres cuando aún  funcionan como soporte subjetivo, dificulta otra solidez en la articulación personal. Si este soporte falla, la  propia construcción resulta afectada. Una consultante recordaba con angustia que su madre obnubilada dudaba en su última visita preguntándole: “¿Vos sos vos?” Y completaba con dolor: “Porque ella ya no era ella y eso me dejó a mí  en el aire”.
 Es porque en el patriarcado que referimos, la maternidad viene connotada de modos tan densos, que tal vez por ello suscite los comportamientos más extraños. La manera que coloca a las mujeres es en una conmoción que irradia hacia las otras para convocar adhesiones y envidias.  Complicidades y aversiones. Trae a las que fueron madres el recuerdo revivido de sus propias historias, y a las que no lo fueron, el interrogante por esa experiencia misteriosa, mágica, con algo de intransferible

Así: el embarazo produce las respuestas más primitivas en los familiares cercanos involucrados.

Hay quienes se sienten con derecho, como la madre que cuestionó el segundo embarazo, y dijo a su hija que traer otro hijo al mundo, era traerlo para ser desdichado, que no lo aprobaba y que no iba a celebrarlo.

Un padre cuya hija se embarazó soltera, y considerando esto muy disgustado, expresó su deseo de que no tuviera ese niño, que lo perdiera en un aborto y que quedara estéril (!!!).

En otra, la mujer del padre, en conflicto con la hija embarazada del primer matrimonio, le  deseó que naciera discapacitado.

Por parte de hermanas o amigas, también pueden suscitarse respuestas adversa: “Parecés una villera con esa panza. Me descompone verte darle de mamar”.

“No entiendo lo del instinto materno. Me debe faltar un gen”. Y es que el peso de tradición y costumbres se hace sentir.

Valgan estos ejemplos de personas adultas, que se comportan en esta situación desde una gran hostilidad. Hostilidad incomprensible si no se considera el profundo desafío que representa ese, que sin estar aún, ya esta. Sin haber llegado, va viniendo, Sin ser plenamente todavía, resignifica la vida de todos.

Las que se apoyan en la maternidad para vivir

La fuerza implícita en la gestación, irradia luego con el  recién nacido, a otras áreas. Para algunas  mujeres, acomoda las piezas del rompecabezas existencial. Escuché a una mujer inteligente, con logros profesionales innegables, comentar que la maternidad le permitió alcanzar una armonía desconocida, que atenuaba y desdibujaba los conflictos cotidianos.

Para una consultante fue una cuestión que aventó la depresión que solía abatirla. Y en un padre fue el sentimiento de que nunca más iba a estar tristemente solo.

Para una joven con fuertes componentes fóbicos, empujar el cochecito le permitíó transitar la temida calle. Era su sostén ante la angustia. En otras madres que se apoyan en la maternidad casi con exclusividad, para dar sentido a sus vidas, los gestos quedan en lo simbólico,  en ella  era el recurso concreto.

Hay quien se sitúa a los hijos como referentes.  Mi hijo me dijo: “Mamá yo soy alto, pero no soy el chico más alto, y soy flaco, pero no soy el más flaco. En cambio vos sí sos la más loca del mundo.”  Y ella lo relataba dando crédito a lo humorístico de la  descripción.
Y otra que describe el vínculo con los hijos por oposición al desapegado que tuvo con sus padres : “Con mis hijos siento distinto.  Tan unidos a mí los siento, tuve la certeza de una presencia cuando me levanté después de hacer el amor y me miré en el espejo del baño. No estoy sola, me dije. Era Nicolás. Tenía una seguridad absoluta…”
 

II La hostilidad De madres feroces

Interdicciones a vivir con alegría

Para una generación de madres prescripciones y prohibiciones estuvieron ligadas a esa desvalorización del placer y a la inversa  jerarquización del sacrificio.

Hubo una madre descripta como antivida, como gris.

Era tal su actitud, consecuentemente represora, que reprochaba el  tomar sol, que censuraba  salir,  reír,  mirarse al espejo.(decía que en el fondo está el diablo, como amenaza para evitar la vanidad)
En el relato,  prohibía salir y  dejar desorden. También salir con ropa interior sucia o rota. No le permitía bañarse desnuda (debía hacerlo con camisolín o bombacha) , y se lo impedía  si estaba menstruando. De niña llegó a esconderle juguetes y presentarlos como nuevos. Peor, llegó a regalarlos sin consulta ni permiso. De adulta supo decirle: “Llená  tu casa de espinas, para que nadie venga”.
Podemos suponer que esta madre  expresaba sus propias frustraciones. Podemos imaginar que tuvo una vida desdichada.

En familias como estas: La presencia del padre suele moderar el antagonismo, mientras él está. Pero...

En esa interdicción y Volviendo a la boca del cocodrilo
La presencia del padre amortigua en estos casos la tensión subyacente. La interdicción a la voracidad materna descripta cae y sobreviene un desmoronamiento. Cuando falta el padre se destraba algo en el precario equilibrio, y estallan conflictos de difícil tramitación. (Estela C., Andrea A., S. Maris G., Silvia S,.Marcela M.)

Casos innegables:

1. Hubo una como extremo de esa posibilidad, que reprochaba a su hija el “haberle arruinado la vida” con la necesidad de internaciones , de niña, por sus crisis de asma. Ana decía de ella, su madre, que era una mujer “mala” que tenía una actitud dañina. Y que recordaba que en cada cumpleaños a raíz de sus reproches, terminaba llorando. La llamó “No madre”.

Cuando el padre falleció, entre ellas aumentó la mayor distancia. Y al cabo de años, cuando hubo de disponer de sus cenizas, pidió a la nieta (hija de Ana) que la acompañara para decidir qué hacer de ellas. Andrea tomó la tarea y decidió llevarlas al sector de la Feria de Artesanos en el que su padre exhibía sus pinturas.

Una reflexión interesante es la que surgió luego de este relato, cuando Ana pudo concluir que esas experiencias tuvieron el efecto de hacerla más fuerte, en la lucha por la vida.Era tan cruel que exigía a su hija que le pidiera perdón de rodillas.  Después de ese aprendizaje, la vida no podía ser peor.
                                                
2. Marcos dice : “Yo la miro y me pregunto… ¿puede ser que yo haya estado dentro de ésta mujer? ¿Que me haya dado del pecho?”  Relata que cuando tenía dos años él tomó kerosene, y ella lo dejó solo para ir a buscar un teléfono, para  preguntarle a una amiga qué hacer.(Vivían a pocas cuadras del Hospital Provincial)  En este cumpleaños de la hija mayor de Marcos (Cumplía 11) le regaló un frasquito de café (capuchino de vainilla) La niña se quedó sorprendida. Todos quedaron sorprendidos. Parecía un regalo bizarro. ¿Mezquino?

“No pagaba al dentista. Dejó de ir por la vergüenza y la humillación. Cuando tenía 14 años discutieron, lo echó de la casa y estuvo 20 días girando. Cuando el padre lo encontró le dijo que volviera. No se habló más de eso, ni del abuso de los 5 años, por un chico más grande, en que la madre le había pegado cuando supo.”

(Hay comportamientos consternados en las madres de niños abusados, que no dan una respuesta de protección.)

En este caso fue consistentemente rechazante con su hijo. Recientemente dijo, mirando unas viejas fotografías: “Esta son del tiempo en que Marcos todavía era hijo mío”. Correlativa a ese sentimiento de ajenidad, cuenta su sorpresa viendo al hijo, y se pregunta: “ Y esta bestia estuvo dentro de mí?”

3. Stella Maris cuenta: “Me agota la relación con mi mamá. Yo soy su discordia. Desde que nací fui un conflicto para ella, celosa del vínculo con mi papá. Decía de mí “Es la luz de sus ojos”. Y no la puedo abrazar!” “No quiero que venga, me mira con odio. Me desespera cuando la saludo y me agarra, me quiero desprender!” “Me quedo de brazos cruzados después del saludo. Me siento enfrente para que no me agarre la mano como una trampa: ¡no se la puedo dejar!

Quiere que me quede con ella, siempre está disgustada con las empleadas, y cuando la llamo finge dormir para obligarme a volvera hablar. Dice: Vos tenés que insistir: “  porque para eso soy tu madre!” Le retiraba la palabra hasta que no insistía en disculparse.
Tampoco tengo privacidad, porque las empleadas saben mis horarios y movimientos. Saben si vengo a sesión y si salgo de viaje...no puedo desaparecer.”

4. María: “Vive muy encerrada y no tiene otra vida que no sea yo.”  “Vive sufriendo, no me quejo, tengo el nene que me dice mamana. ¡Qué me importa la “ mamana”  de allá!  La reprochante crónica. Me descompone, no tiene derecho...es de una destructividad “Como un cáncer que me carcome”Ese dolor lo voy a llevar dentro siempre. Y mi pá embrujado por S.”
 
5. Ema: “Ella está muerta y tengo que superar eso. ¿Qué? Voy a seguir llorando otros 10 años porque se murió mi mamá? La otra remuerta y ni sabe de mí. La noche que después supimos que  murió me fui a dormir con mi abuela, me pasé a su cama inquieta. Ella no había vuelto y eso era muy extraño. Llevaba dos anillos con nuestros nombres. Cuando vi las luces, era la policía. De ahí una pesadilla. ¿Cómo no se cuidó por nosotros? (Murió asesinada en un episodio confuso)
Antes yo me sentía diferente, era como una discapacidad de mi familia la muerte de mi mamá. Pero ahora estoy mejor, tengo familia, tengo apoyo. En el cumple, yo me puedo preparar la torta sola. Basta ya! Me siento capaz, antes era como que me faltaba una pierna. Ahora también, pero la pierna sana tiene la fuerza de las dos.”
 
6. Diana: “ Me siento tan poco tenida en cuenta por mis viejos. Soy entenada más que hija. Son indefendibles. Cuando estaba enferma, la llamaba y no venía. Soy como una hija de segunda. ¿Qué hacer con mi bronca cuando ellos dependan de mí? No siento gratitud.  Tampoco, no tienen en cuenta a los chicos, mis hijos. Y así, ni ellos tenía ganas de verlos. Mi mamá no se hace cargo de nada. Problemas de memoria, de asociación…Pero siempre fue así. No se puede ni angustiar. Una vez le dije, de adolescente:  ¡Nadie me quiere! Y ella contestó: “Debe ser horrible sentí eso!” “Y en una conversación: “Lo más terrible es que se muera al marido, si fuera un hijo, todavía…” “Hay un sedimento de dolor que siempre está. Esa sensación me va a acompañar hasta el día en que me muera?”

7. Está también aquella que llegaba oblicuamente, para indirectamente expresar su insatisfacción y sus demandas. “Ella con ese rictus...Como cuando dice: Pascua es importante! Y disfrutá de tu madre” . Es un chantaje lo que hace. El vínculo de Vale y su madre es tan imposible, que la llevó a desear no tener hijas. Después del nacimiento de Aldo, decidió no volver a embarazarse. Su argumento era: Una madre catastrófica no me habilita como madre”.

(Algo equivalente sucedió a Diego, enemistado y distanciado de su padre, temía respecto a su capacidad como padre de un varón. Como padre de su niña se había desenvuelto bien.

En ambos casos la experiencia previa (madre de un hijo, padre de una hija) no bastaron para atenuar la traba subjetiva para pensarse en situaciones que los remitían a sus propias experiencias catastróficas).
 
8. Delia relata: “Para Navidad tengo que ir a verlos. Es como por obligación. Me dicen, aprovechá,vos que los tenés. Pero para los chicos es un bajón. Emanuel dijo, la abuela siempre está enferma,y el abuelo no sabe ni quien es.”

 

III De la relación

Lo que generan: contrapuestos afectos, pero siempre la demanda
Los procesos de identificación siguen misteriosos circuitos. En unas la admiración: “A mi mamá le debieron poner pilas Duracell, en cambio a mí truchas, y se ve en el uso”.

En otras el desconsuelo: “Mi vida es un caos en decadencia. Me parezco a mi mamá. Si ya a los treinta me parezco tanto...Que triste!”

También en las madres operan afectos contrapuestos: la envidia por los logros de la hija puede expresarse en  devaluarlos. En ocasión de la presentación de su libro, una hija preguntó por el malhumor de su madre, que se limitó a reponder: “¡Cosas mías!” ¿Envidiosa del logro de su hija?

Generan reproches: “No me enseñó, no me dio recursos para valerme.” A veces esto está ligado a una protección errada. Otros son reproches retroactivos  a cuestiones vividas en el pasado: Una le escribía a su madre: “Con aquel corte de pelo parecía una mendiga harapienta” “¿Cómo podías vestirme y peinarme así?”  Vergüenza y pena reactivadas difíciles de comprender y ligadas a cuestiones difíciles de remontar.
Generan reclamos:Cuando tuvo una crisis grave, se encerró en una habitación con la madre anciana. Se sentó en su falda reclamando: “Decime que me querés, decime que me querés…”. Había sido una mujer que no expresaba sus sentimientos, y este había sido el hijo más exigido

Generan temores: En relación a esto, escuché el relato de una hija, en grave conflicto con su madre, que le había amenazado “Cuando muera, me levanto si te acercás al cajón, y allí te llevo conmigo, Porque vas a tener la culpa…” Y lo singular (e inevitable?) era que la hija se sentía afectada y tomaba puntualmente las palabras.
Generan conflictos: El más penoso de los vínculos con la madre del que tengo registro es el de Estela, que refería el infierno de humillaciones de niñez y adolescencia como cicatrices que no quería ni mirar. Para referirse a su madre y su hermano usaba siempre una expresión: los llamaba “los innombrables”.

Refería, que abrumada por lo penoso del vínculo, decidió inscribirse en un taller sobre el tema del perdón. Se desarrolló con dramatizaciones. Según refería ella, fue oportuno en tanto la muerte de su madre, la tomó después de haber pensado el tema.   
Lo que dicen estas madres
“Si hubiera sabido lo que sé ahora (anticonceptivos) vos no hubieras nacido.”

Resentimiento en Karina, que sabe que la madre la quiso abortar: “No sabe cómo va a pagar ese desamor!”

“Dijo cosas hirientes.No se concibe que se creyera dueña de nuestra vida, poque nos había tenido”.  Ni que dijera: “Matate!”.  O que dijera: “Hace de cuenta que estoy muerta!”

Viviana. : “Vas a aver como se paga! Como te vas a arrepentir cuando muera de todo lo que no hiciste! No te acerques al cajón cuando muera porque me levanto para agarrarte!”

Gina : “Maldigo la hora de haber tenido hijos!”

SÍ, pueden ser letales:

Susana: “Durante 13 años, no salí con mi marido por estar con ellos. Otras han tratado a sus hijos para el culo y ellos las adoran. Yo les hacía una torta distinta todas las semanas. Viví para ellos. Les lustraba los zapatos. Venían con los botones arrancados y volvían como duques al día siguiente...Me quedo pensando en todos los sacrificios que una hace por los hijos...Se me murió el amor, cuando me falló. Me defraudó. Soy muy rencorosa.”

Cris: En la entrega de medalla a su hijo médico dice: “Lástima que sea tan negrito.Cuando está lúcida es tan hija de puta como siempre” . Y cuenta su hija sus quejas: “Ella dice:  en este  geriátrico  no hay señoras paquetas”.

 Ana: “Si te vas de la casa, que te compramos, no te cuido más el nene”. (Trabaja en salud). Y refiriéndose a la casa que está en la misma manzana: “ Dónde vas a encontrar una casa como esta? Además te ayudo con éste, pero…”

Las narcisistas

Mónica cuenta, medio en serio,medio en broma: “Mi madre es tan narcisista que cuando le presentan alguien que dice: “Encantado”, ella responde: “Lo comprendo, lo comprendo...”. Recién me pudo decir: “Te quiero mucho” este verano, cuando viajaba a Mar del Plata después de su internación. Yo había estado incondicional, y se ve que había quedado agradecida. Pero tuve que esperar  50 años para escucharla decir eso!”. “Y no tengo nada que agradecerle, no me enseñó nada. Solo a lavar la ropa, separando los colores y tendiéndola del revés.”
Elda  reclamaba y apuraba a su hija en tratamiento quimioterápico, la fecha de finalización del mismo, para que pudiera retomar el cuidado de la bebé. Elda quería disponer la fecha de su cirugía plástica.
Victoria estaba impaciente por viajar a Bs As para practicarse un lifting, y delegaba en su hija el acompañamiento de la  abuela internada.

Yolanda anteponía la visita a la peluquería a la visita a su hijo detenido como preso político.

También están las que no toleran elecciones que contradigan sus convicciones y creencias religiosas (Irene y su hijo rabino), ideológicas(Gabriela y la Universidad privada)

Lo que suscitan: la  evitación del contacto

Rechazo al contacto físico de Arnaldo, Andrea A.  y Guadalupe. Sentimientos negativos. Guadalupe refiere que evitaba besarla, sentía asco.

También ese rechazo se expresa en la resistencia a hablarle, Mónica desea que su hijo le hable, le dedique tiempo.
Marcos no quiere que la madre le hable. Ni hablarle.

Verónica desea que le hable rápido y termine pronto.

Se hace opresivo el  saludarla en ocasiones como el día de la madre, sintiendo contradictoriamente la culpa por no desear hacerlo. O por no querer compartir las celebraciones de Navidad o Año Nuevo diciendo: “Es un alivio que no esté, que no forme parte de mi vida...pero sentir eso, me pone mal”.

Al mismo tiempo que la madre  se cuestiona por qué no genera en sus hijos gestos de cuidado y compasión hacia ella. Tampoco su vínculo con su madre es fluido: delegada a su abuela desde niña.

Analía: “No puedo acercarme a mi mamá, porque no se cuando me va a caer con un baldazo imprevisto. Por ejemplo, tus hermanas no vienen porque están enojadas porque te dimos plata para tu casa”.

Mónica: “No la toco porque después se pudre todo. No quiero más domingos para tener que hacerme cargo de ella, que espera como dice “en prisión domiciliaria”.  En otra el sentimiento de soledad lo expresaba contando, que sus días pasaban mirando el edificio que construían y que podía observar desde su ventana. La hija refería: “Cuenta las ventanas. Cuenta los pisos y mira a los operarios...Me apena su vacío, pero si no me defiendo me chupa. Espera arreglada los domingos, pero ya no se pone aros…”

Galería de madres exigentes, vampíricas: De Teresita, de Delma, de Stella Maris, de Silvia S., de Claudia M., de Dora, de María Luz.
 

IV Otras dimensiones

Vínculos en espejo de madre e hija. (Edith y su mamá. Marta B., Mariángeles, Tere, cuñada de Carlos, María Luz)

Atrapadas por el clan de origen y sin haber podido`procesar la salida del mismo, hay quienes le dan prioridad. No soportan la pérdida del padre (V.S.) (G.M.) o de la madre. Quedan así desconectadas de los otros familiares. Una mujer cuya madre falleció no podía salir de lo profundo del duelo.  En la visita al cementerio, aún después de meses se tiraba con fuerza contra la lápida, para golpearse, sin tomar en cuenta el dolor que provocaba con ello. Cuando los hijos le preguntaron  si hubiera preferido que muriera uno de ellos, no respondió. La simbiosis era tal que absorbía toda su energía.
También como mencionamos , el duelo de una madre por la pérdida  de uno de los hijos la capturó totalmente, de tal modo que dejó a los otros como si no existieran, en la orfandad.

Así, en esta recorrida de la pareja madre e hija, puede leerse la vinculación en dos dimensiones.

Una que refiero, el peso de las madres ancianas de hijas adultas, que ven reeditadas viejas asperezas. Y en estas hijas adultas, el sentimiento de sobrecarga frente a reclamos maternos. Esta sobrecarga la registraba una anciana  cuando expresó: “Le he podido a la Virgen, que me de paciencia y no te haga más reproches.”

Y aquella que se planteaba tardíamente su rigidez a cuestionar por la forma en que puso obstáculos en el diálogo intrafamiliar, al punto de  decir que sentía que había “fracasado”y que “ya no tenía tiempo de reivindicarse”.
 
La otra tiene que ver con el sentir de madres respecto a sus niñas, en tanto responsabilidad y desafío.

Hubo una que cuando escuchó el relato de una madre, que estando detenida en Villa Devoto, sólo podía  conectarse con su pequeño hijo a través del vidrio del locutorio, asoció con la angustia vivida cuando su hija recién nacida fue llevada a neonatología, y depositada en una incubadora. Como si la cajita de la incubadora replicaran el vidrio del locutorio, impidiendo el contacto.

Otra cuya hija residía en el extranjero, que también escuchó este relato, comparó el vidrio del locutorio a la pantalla de la computadora que le permitía hablar, pero no tocar a su hija.
Qué de ese vidrio (locutorio, nursery, pantalla) persiste en lo simbólico?

Tanto en unas como en otras, en madres y en hijas, es muy frecuente el sentimiento de culpa, por no haber podido alcanzar a cumplir con todas las expectativas, respecto a  roles sobreexigidos y sobredimensionados.

(El abandono de una niña en el baño de un surtidor suscitó respuestas de crítica implacable, tal vez porque hacía estallar el mito del instinto materno)

“La interpelación de las huérfanas” (y de las “semihuérfanas”)
La falta de la madre ha dado lugar en tono de protesta a reclamos como algo sentido como injusticia. Así la falta de referente, de protección o de asistencia, con la que suponen, estas hijas, debieran contar, y que es una ausencia que delatan.“No me corresponde cocinar, las otras chicas tienen una mamá”  ‘Tienen a quien consultar sobre qué ponerse y cómo arreglarse” (Eva P., Emilia S.) (María Luz, Mariángeles)

En otros casos, se suele sentir como semi horfandad  la ausencia dando lugar a quejas repetidas  “No estuvo cuando la necesité, así que si ahora se preocupa y se angustia por mí, no me voy a hacer cargo”. “No me escuchó, ni me escucha, solo se escucha a sí misma”.
 

V También maternar es...

Tal vez esas madres hostiles, competitivas y hasta crueles, que no respondan al modelo protector y amoroso, surgen de un cierto  resentimiento, que valga la pena decodificar. Y a la vez generan una capacidad de resistencia en sus hijas, que en casos las habilitan para sobreponerse a otras situaciones. (La cárcel en el caso de Marta, las cuestiones políticas en Eneri)

Una paradoja, es que esa desprotección`puede generar el efecto en sus hijas, de actitudes sobreprotectoras, cuando a su vez son madres. Lo paradójico es que esta tercera generación tan cuidada,  suele no desarrollar los recursos de los que sus madres se valieron.
 
La vida que las hijas elijan vivir, consiste en elecciones que no coinciden con las maternas Muchas veces son pensadas como una desmentida o crítica a las efectuadas por sus madres. El terreno en que las elecciones de las hijas resultan perturbadoras han tenido que ver en estos últimos años, con dos temas recurrentes: con rupturas  de pareja (divorcios) y con cirugías de embellecimiento, ambas situaciones muy censuradas. Madres que literalmente enloquecen cuando sus hijas se separan. Madres que escandalizan como si se tratara de un drama, cuando sus hijas se agrandan los senos.

A veces se trata de sobreprotección por parte de las madres. Otras veces de reclamos excesivos de las hijas. Pero en casos, bien pudo suceder que esas madres no enseñaban  lo que no sabían: normas en lo doméstico, en lo social, maneras de funcionar  que varían en épocas y lugares. (formas de crianza, comportamientos esperables en lo cotidiano: higiene, rutinas hogareñas y escolares, o situaciones excepcionales como los velatorios, que también implican un entrenamiento en destrezas sociales, que a veces no se tuvo, o que cambiaron)

Sucede también que hay madres que realizaron esfuerzas sostenidos y no tienen ya ganas de  escuchar reproches. Estuvieron a cargo tanto tiempo, que ya no desean seguir en la brecha. Frecuente en madres que debieron asumir solas la responsabilidad afectiva y económica de la crianza, y desean recuperar espacios y tiempos para sí mismas
Los modos de maternar  más o menos satisfactorios,  no siempre  tiene que ver con las cualidades de las madres, ni de las hijas, sino también con los mandatos incorporados, con las propias historias  y con los condicionamientos de la época, el lugar y la cultura. A veces de una a otra generación, los criterios difieren tanto, que resultan difíciles de compaginar.

También sucede que en casos son las hijas las que marcan a sus madres en las fallas en la relación con el esposo o registran la salida extraconyugal del padre, reclamando de sus madres una actitud más activa. (en defensa de su propia dignidad)
 
La preocupaciones de distinto tipo, acorde a lo que se estima deseable varían: una madre me relataba que volvía  deseando encontrar a su hijo acompañado con un amigo. O constatar que había salido, porque se trataba de un joven retraído y tímido. A diferencia de otra, que deseaba encontrarlo estudiando.   O aún de una madre de un muchacho muy activo (sobrecargado) que ponía su atención en que él se alimentara y descansara adecuadamente.

Otra insistió en llevar a consulta a su hija de doce años al neurólogo, a partir de que la encontraba insegura y poco comunicativa. Pero en el relato de la hija, esa madre no conocía a su hija, que había crecido con los abuelos. La consulta fue sentida como otra arbitrariedad.

Hay madres que viven por sus hijas (enfermas o discapacitadas). (María L., Leonor) Y madres que en el deterioro y la declinación, succionan la vida de sus hijas. Entre ellas, toda una galería.
Entre Gerardo G. que no acompaña a su padre moribundo y no va a su velatorio y Ornella, que lee los obituarios para constatar que no figura su madre, en común un tema: la intensidad de los afectos.
 

El asombro Hechos mágicos que escuchamos.(¿en madres?)

Contradicen toda lógica, pero se imponen en su misterio.

Tatá y la experiencia de la amiga, cuya hija estuvo en el accidente de Lapa y sobrevivió. La madre registró un mensaje (telepático?) en el momento del accidente, en el que la hija le decía que estaba bien. Rato más tarde llegó la llamada telefónica.

Graciela padeció  un episodio febril sin explicación. Luego supo que coincidía exactamente al momento en que su hija Gabriela tenía un episodio neurológico en Irlanda.

Elena cuenta: Su hijo trabajaba en el torno del taller en una pieza. Creyó  escucharla llamándolo por su nombre. Se retiró hacia atrás y la pieza se rompió en ese momento y saltó al lugar donde él estaba. Al haberse retirado (creyéndose llamado) pudo evitar el accidente.
Está relatada la ceguera transitoria de una madre sin saber que ese día y hora asesinaban a su hijo militante. Pudo reconstruir a posteriori el momento.(Lili Massaferro en “Buscada”de Laura Giussani)
 

Genealogías

Por contraposición ha sucedido que hijas de alumnas brillantes y profesionales exitosas, quedan opacadas. Florencia y María Mercedes, funcionarias que alcanzaron cargos importantes, cuyas hijas derraparon en vínculos difíciles. Hijos en problemas.

Historias que se reiteran: En una familia Bisabuela, abuela, madre e hija tuvieron sus primeras maternidades, todas ellas, a los 15 años.
Intentos de suicidio  en mujeres: Madre tomó insecticida, hija tomó hipnóticos. Reiteración de frustraciones que  ambas relatan, sentimiento de fracaso en la búsqueda de sentidos. Culpa de la madre por su resentimiento con el esposo.

RECAPITULANDO OTROS ASPECTOS EN LA VIDA FAMILIAR

Situaciones límite

La familia puede ser el paraíso perdido, `pero también puede ser un infierno de mierda?
(Mario Benedetti)

La dificultad de prever la respuesta del otro del vínculo, genera las mayores ansiedades. Ha sido descripto como el “no saber qué esperar”, o “con qué me voy a encontrar”, “ cuando vuelvo al “hogar, dulce hogar”. Y opera, según lo han nombrado como “Caja de Pandora”de la que puede emerger  lo imprevisto, y puede funcionar con madres, hijos, cónyuges…Puede ser una niña, que vuelve de la escuela,con el estómago hecho un nudo. O una esposa, que teme el encuentro con el compañero imprevisible.

También he encontrado como la situación más traumática, la pérdida de la nieta, para alguien que ya había atravesado difíciles situaciones (Alzheimer de la madre)

Y quien seguía refiriendo la muerte de su padre como el  mayor drama, aunque una de sus hijas  se había psicotizado, aquella muerte era más opresiva.
 

Intervención de familiares

La intervención de familiares en la asistencia de consultantes suele producirse en busca de información o con la intención de aportar datos. También como estrategia para controlar lo que está sucediendo en el transcurso de las consultas. En mi experiencia, aún cuando partieran de la intención de colaborar, pueden ser sentidos como invasión a la privacidad.

Madre pac. con tics

Madre Analía M
Madre Rubén M.
Madre estudiante arquitectura
Esposo Graciela D.
Esposa Hugo R.
Hijas paciente (crochet)
Novio de agente de policía
 
Presencia de las abuelas en las vidas de: Marcela M., Graciela C., Mónica F., María Luz, Emilia S., Eva P., Vanesa, Natalia, Daniela.

Las hay antagonistas:

Eva: la abuela María siempre prefirió a mi tía. Dijo: “Tu mamá tuvo la suerte de tener dos casas en el terreno de Adela (suegra) y en Funes. Le contesté: Mira que suerte tuvo que se murió hace seis meses!”

Y mi tía cuando la hija quedó embarazada por segunda vez dijo: “¡ Qué desgracia… Nosotros no se lo vamos a cuidar!”

Las hay protectoras

En otros casos las abuelas han maternado y construido sólidos vínculos de afecto. En un caso, el nieto varón asistía a la abuela, la que se resistía avergonzada. Él podía tranquilizarla, desde su cariñosa dedicación.

Otras tienen en la presencia de las abuelas, el soporte afectivo más definido. “Como una abuela maravillosa como Pinina, pudo tener un hijo tan loco como mi viejo?”

Las hay coquetas:

Una abuela de 87 se quejaba con coquetería de que se le adelgazaron las piernas y “tenía las tetas caídas”.

Otra haciendo Pilates, debía abrazar y soltar una esfera entre los brazos. Se daba ánimo cada vez,  al apretar, diciendo: “Richard Geere”.

Otra abuela llevó a la internación de emergencia, no el camisón, sino el labial y un espejito.Y no dejar de teñirse el cabello para “no parecer una ancianita”.

Hubo la que esperó el 21 de septiembre vestida de beige y calzada con sandalias, mirando desde el balcón “la llegada de la primavera”.
Un abuelo albañil fue a la escribanía de traje y sombrero, pero de alpargatas. cuando se dio cuenta, se fingió rengo para despistar su error.
Son escasas las que preservan intereses, iniciativa y fuerza. (Una limpiaba los caireles de la araña trepada en una silla. Otra dejó regalitos con nombres para cada uno con notitas humorísticas antes de partir)

El fútbol y las abuelas:

Como espacio privilegiado de alegría para la madre de Mary interceptado cuando recibió un piedrazo. Para la de Monica  que compartía un palco con los suyos
 

Pero es una etapa de pérdidas:

La fragilidad de la etapa se pone en evidencia en una mayor sensibilidad de una, a las demoras de su hija. En otra en la intolerancia a que la dejen sola, fingiendo llorar si le levanten la voz.

“Desde que se despierta ya no deja dormir. Requiere las 24 horas. Se pega como si fuera una niñita. Y es posesiva, no acepta que me inviten a ningún lugar. Se hace pesado…”

En un caso una anciana que había llevado el cabello en rodete, se avergonzó tanto cuando se lo cortaron, que no quería salir de la casa.

La hostilidad de otra con la empleada:
correrla con un cuchillo una. Tirarle la comida a la cara otra.
Una de las cuestiones que atañen a esta generación de abuelas, es el sentimiento de despojo cuando deben dejar la casa por problemas de salud que impliquen una internación, temporaria o permanente. La historia personal expuesta en los objetos significativos es puesto en crisis por los criterios de practicidad de quienes toman la posta de casas y bienes. Recuerdos atesorados frente a los cuales el propósito de quienes intentan ordenar, es una amenaza.

También las hay invasoras:

Intromisión de abuelas y abuelos en la dinámica de la familia nuclear. Clide en la vida familiar  de Griselda, su hija, a la que requería por las noches. Esta ausencia merecía reproches de Daniela, su nieta.

Gabriela también reprochaba  que su madre descuidó a las hijas cuando asistía al abuelo.

Una importante cuestión a considerar, es que en ocasiones, una mujer descripta por su hija como madre abandónica, deja un registro muy diferente en su nieta. Adela,según Elsa, no cocinaba para ellos.En cambio, en el relato de su nieta las comidas más ricas que quedaron como recuerdo. Paradoja en lo contradictorio de estos registros.

Relaciones entre hermanos/as

Hermanas en conflicto: en ocasiones en una mutua dependencia impregnada de hostilidad. Mari F., Viviana D., Mónica F.
Hermanos que con poca diferencia de edad, desarrollan vínculos competitivos. Marcos T., Gerardo., Miguel A.

Hermanos que nacieron poco tiempo después del primogénito, en familias en las que el primero fue bien recibido y el segundo no termina de sentirse aceptado, sino que son  descalificados. Pareciera que  vinieron sin ser deseados y por ello desestabilizan  el grupo y generan hostilidad (Samuel P., Marcos T., Gerardo, Leo P., Miguel A.)
Hermanas despojadas por hermano, despojo en lo económico que replica injusticias sesgadas por el androcentrismo que nos atraviesa. Delma, Norita, M. Antonia, Graciela C.

Medio hermanos, nacidos de un nuevo matrimonio del padre, o de un  matrimonio anterior, con los que no se estableció ninguna relación: Graciela C., Cesar  A.  : Marcos (de Gabriela),  Romina (de Romina y Luciano)

También sucedió que medio hermanos que no tenían una relación , se unieron cuando el padre fue a la cárcel, para asistirlo. El padre era médico en una Institución tradicional, en la que se desempeñó hasta la eclosión de un conflicto. Y ellos hicieron causa común con el padre, y se mantuvieron muy vinculados a partir de allí.

Trámites pendientes

En ocasiones son cuestiones vinculadas a sucesiones y herencias las que ponen en evidencia viejas diferencias. Se reciclan alianzas y antagonismos. (María Estela y Nora,  Carlos T., Ana Paula y su pareja, herencia Cefe, Marcela y Carli.)

Las hijas que quedan a cargo del cuidado de los padres ancianos, suelen establece una relación ambivalente con hermanos y hermanas. (D.F., S.S., S.M.G., V. D.)

Una joven le asignaba una intencionalidad, de supuesto goce a su hermana, que dejaba a la madre esperando por su saludo en el día de la madre, hasta el anochecer.

Hay relatos más que conocidos  de mellizos separados al nacer y dados a diferentes familias, que se encuentran de jóvenes.
 

Tias

Tías que asumen lugar ambiguo

Sucede a veces que hermanas de la madre, se instalan  en un intento de sustitución de roles: como viviendo vicariamente la maternidad de sus sobrinas/os como los hijos anhelados. He pensado cuánto del primitivo vínculo entre hermanas, también se pone en acto en estas oportunidades, cuanto de afecto, de competencia y rivalidad se pone en juego.

¿Cuánto de intento de asumir vicariamente la crianza y cuidado de los niños advenidos a la familia, hijos biológicos de la hermana, con la que se reviven viejas cuestiones?

Tal vez asumen un vínculo con las sobrinas, hijas de su hermana casada, de sustitución del hijo no tenido? Mary F., Viviana D., Silvia P. desarrollan afectos de avasallante intensidad. Con una carga de ambivalencia, que sin duda está impregnado por la historia de relación entre las hermanas. Un planteo respecto al tema es la comparación entre los logros relativos, cuestionándose quién hace mayor duelo de las hermanas: la que hizo carrera profesional, pero no tuvo hijos, o la que tuvo una familia e hijos, resignando vocación y logros personales?.

Suele suceder que en la madurez deban optar por dejar la casa familiar en la que vivieron desde niñas. Cuando los hermanos ya partieron al casarse y tienen hijos, ellas deben armar una vida nueva, en otro lugar y con distintos sentimientos según haya sido la historia. Desde las que pueden seguir sus propios proyectos con energía (E. M.,Dora G., Dora C.) , a las que quedan despojadas y en soledad, sin poder resolver un nuevo modo de vivir. (M.F., Tía de S.)
Suegras  y  cuñadas virtuosas
 
Más allá del mito, algunos ejemplos lo ilustran la supuesta competencia. Así un sentimiento de rivalidad puede llevar a generar deseos como los de Cora que desde cierta ingenuidad expresaba: “No le deseo mal, solo que se vuelva gorda, gorda…”

Con la elección de pareja del hermano varón, suele argumentarse en relación a una desconfianza respecto de la  extranjera. Se le asignan actitudes seductoras y la intención de “pescar” vía del erotismo, a sus hermanos. Cuestión áspera por la crítica que supone.  Leonor D., Andrea T.,Onelia S. Ana (con S.S.), Marta y Marita (con Marilina)
 

Las otras mujeres que intervienen en la domesticidad

Vecinas significativas.Colaboradoras como Delma: su vecina empieza cediéndole un cuerpo del placard y se va convirtiendo en miembro de la familia y cuidadora de sus niños).

Mónica,vecina de 90 años con marido caballeroso. Él levanta la persiana antes de irse “porque no es tarea para una dama” y ella cocina  para él variedad de platos, a mediodía y a la noche.

Pablo L. lo asisten cuando se hiere al golpear azulejos, las vecinas contiguas por el corte y la hemorragia.

Vecina mayor de María Luz, como abuela amorosa. Patricia B. compartiendo intereses con Graciela G. y Mónica.
María Luisa: vecinas que la acompañan en el cuidado de Debora (discapacidad)

La empleada doméstica compartiendo muchas de las situaciones familiares (Susy, Graciela C.)
 
También Invasoras, cuando está en juego la privacidad:  Mary, avance hostil del ruidoso taller contiguo, Graciela C. ruido bomba del vecino, Onelia S., humedad del jardín del vecino. Vecino litigante  de Cecilia G. Vecino intolerante denunciando sobrinas de Mary F.
 

Conclusiones

Recordemos la significación que van a tener, en la construcción de las subjetividades,  las primeras experiencias, donde  el ser mujer y el ser varón, se inscriben como modalidades de vida, más allá de la intencionalidad y la conciencia. Partimos de un patriarcado que nos atraviesa, y cuanto más podamos registrar su influencia, tendremos mayores posibilidades de poner en cuestión  aquellas dimensiones a modificar.  Aquellas dimensiones que operan como pesadas cargas y traban las posibilidades de maduración en libertad.
 
M. C. M.   Otoño 2015